miércoles, 8 de junio de 2011

ASFALTO


El asfalto invade las calles y gambetea los ojos de las personas que lo utilizan para movilizarse por la gran playa gris que nace en las canteras de los parajes tristes y los barrios de invasión. Desemboca en las plazas públicas, los edificios gubernamentales y los pasos de los solitarios que buscan una sonrisa. Una ilusión.

Es una base gris en medio de tacones dispersos y dedos encendidos en zapatos incómodos. Las calles son esponjas que absorben los orines de los que mean en los postes, la sangre de los caídos o los que hicieron caer y las lagrimas que vienen del cielo para bañar tantas que hay en la tierra y que van a parar a las cloacas del olvido.

Es una gran alfombra gris sobre la cual destilamos con gallardía y cobardía, para demostrar los honores de las vidas mal o bien vividas. Yo camino por esta alfombra con una mano en el bolsillo y la otra en la cabeza, como signo de confusión, alegrías pasajeras, pasteles a medio comer y total falta de ubicación del personaje que me toco en esta farsa. Helado de vainilla.

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