
Camino sin rumbo por espacios poco apacibles y de vez en cuando me siento, para poder ser el espectador del desorden que he dejado atrás y del reguero de cosas que he desperdiciado. La conciencia es un juez implacable que no te pasa ni una, y en las noches solitarias y tristes, te canta la tabla sin reparos ni contemplaciones.
Te cansas de equivocarte, pero sigues con los mismos horarios, las mismas conversaciones, las mismas compañías, los mismos gestos y las mismas respuestas. Esperas un cambio y no llega. Esperas algo que ni siquiera has ido a buscar…
Esperas, tomas un tinto, meditas, das vueltas a lo mismo una y otra vez en un circulo vicioso que te marea y expulsa lo poco que has metido a tus entrañas. Te colisionas, te desesperas esperando y rompes en llanto o en lo que seas que haya en los escombros que te atañen.
Estas hecho en un rompecabezas d fichas amorfas, que un día botaste al mar y ahora no sabes como ni donde encontrar. Estas callado y las palabras no salen, solo las letras que se camuflan en cantaros de barro. Añejas como el viento y desquebrajadas como las ganas de seguir. Seguir en algo, cualquier cosa. Correr hacia ningún lugar y ver lo mejor del mundo invisible. No es tanto. No es como lo que tanto siempre dicen los demás acaso?. No. Porque ya lo tienes y lo desperdicias. Solo silencio, quiero silencio. Un silencio que me llene de emociones y no sea como el ruido de la cotidianidad…
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