
Jugo de naranja, monedas desacreditadas y vueltas fango, son las que me persiguen en una fuga depredadora, que me avoca a un final sollozante, con dos o tres palabras suaves dirigidas al viento. Cumbres se levantan en las colinas de mi saludable tez morena y enmarcan avalanchas poco salubres y habitables de lo común y de lo duradero.
Una jungla de desmanes y zapatos viejos invaden mi ser y ponen los cuerpos en mitad del desierto para poder sortear los embates de las olas inertes de frio y las asonadas de calor que sucinta y hacen carruseles con caballos, dragones, dinosaurios y sirenas en el viento.
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