viernes, 19 de agosto de 2011

UNA REFLEXIÓN MAS


La vida es un circulo gigantesco donde se alternan un sin numero de emociones, colores, sensaciones, experiencias, personas, reflejos, enseñanzas y emociones. Cubrimos nuestro largo lienzo vital que nos entregan cuando nacemos y somos unos seres expectantes con todas aquellas imágenes que aparecen en nuestras cabezas y hacen que la realidad y nuestra propia vida vaya tomando ciertos rasgos, inclinaciones, preferencias y decisiones.

Respirar nos implica ser más que seres automáticos. Mas que maquinas robotizadas que se mueven por simple inercia, o por el solo hecho de cumplir unas funciones metabólicas especificas y previamente determinadas. Vivir implica crecer desde lo interno y proyectarnos en un entorno social que como su naturaleza cíclica indica, deben ser fluctuantes y de sentido corriente como el agua que recorre los ríos y van a desembocar al inmenso mar.

Desde que somos pequeños nos vemos abocados a enfrentar las primeras pujas sociales con nuestros congéneres. Y así como lo mencione al principio, somos seres que estamos expectantes de un flujo de experiencias que formaran las bases de lo que seremos en este transcurso de levedad vital. Allí entramos con nuestros miedos, alegrías, sorpresas y demás características que la voluntad creadora nos haya dispuesto.

Desde el hogar que haya dispuesto (partiendo de la premisa de que nadie escoge su familia) nuestro destino empezamos a forjar valores que serán los que tallen nuestro carácter y nos desenvuelvan en las diferentes variables y variantes que nos da la vida. Algunos se delimitan por las reglas socialmente bien vistas, ya que son acogidos en el seno de hogares donde el dialogo es permanente y el respeto la constante. Otros en cambio están vulnerables en familias disfuncionales (en ascenso en esta sociedad cada día mas excluyente y infravalorada), donde el maltrato es una fuente de efímera y lacerante autoridad y de allí, creando un caldo de cultivo nefasto donde los anti valores fluyen sin parar, haciendo mella en la concepción ideal y altruista de una sociedad incluyente y equitativa.



La vida es una confitería gigante, donde se pueden escoger mil sabores y de ellos deleitarse, sacarse el dulce de la boca o arrugar la cara por la amargura. Estamos en un entorno que nos permite y da la capacidad de elección de nuestros actos y que si bien hay factores que alteran y hasta transforman nuestra concepción del mundo, también hay cosas por las cuales esforzarse con meritos, esfuerzos personales y buenas elecciones.

Nuestra libertad individual no debe coartar el hecho de que la sociedad y cualquier colectivo que desarrollemos a nuestro alrededor mejore y brinde un futuro mas amplio y productivo para todos. Nuestra capacidad de decisión no debe estar encasillada en nuestras buenas o malas experiencias de vida, ya que como la misma naturaleza nos enseña, somos nada mas que un ciclo, una brisa que se pasea por u tiempo limitado en este valle y que de nuestra capacidad de elección depende que sea bien o mal vista según nuestros logros y resultados que podamos agregar a esta sociedad tan carente de valores y de sentido humano.

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