La vida se conforma de experiencias y de estas mismas se ramifican las aperturas del conocimiento y la necesidad del mismo. Vivimos en un mundo en el cual casi todo esta hecho y la mendicidad inventiva se palpan físicamente. Ya las páginas de los libros no son abiertas. Esas páginas que abren la mente a telones lúdicos que dimensionan el desierto desolador de la cotidianidad y la rutina por el oasis refrescante e inquietante de la imaginación.
Si nuestras vidas solo se limitan al control de botones automáticamente programados estamos perdidos. La sociedad de consumo lastimosamente nos a convertido en robots útiles que solo son capaces de manipular cosas y no de pensar en las cosas y el porque de ellas. Nos hemos convertido mas rápido de lo que creemos, en seres incapaces de razonar cuando lo puede hacer un sistema operativo como google o cualquier otro. Y aun sabiendo la inmensa herramienta de ayuda de estas ventanas tecnológicas, no puedo dejar de pensar en lo facilistas que nos hemos vuelto y lo mal que le hace la cultura de la inmediatez a la sociedad.
Ya las niñas no piensan como niñas sino que desde los cinco años ya se ven cantando canciones de reggaetón obscenas. Los jóvenes no piensan en trabajar y lograr las cosas con aplomo y con esfuerzo sino en traquetear y lucir estrambóticas prendas solo para ganar reconocimiento, sin importar que es mas importante ganar el respeto de los demás.
No se si sea de los que están chapados a la antigua como me decía mi abuelita o sea un conservador nato y hasta ahora me di cuenta, pero al ver mi bicicleta (una monareta de los años 70), que me regalo mi madre hermosa, veo que las cosas antes estaban mejor hechas, se hacían con mayor esfuerzo y dedicación, con mas amor y menos maquinización, que todo pasado fue mejor y que mi infancia con su ingenuidad y el estante lleno de libros nunca la cambiaria por un mundo prefabricado y lleno de vulgaridades como el que afronto ahora mismo.
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