Hay abuelita… no te imaginas la falta que me haces, lo mucho que extraño tus palabras y la inmensidad de tu ausencia. Ya han pasados 129 días desde que partiste al cielo a verte con Dios y los demás ángeles y te imagino sin dolencias, calamidades pasajeras y feliz. Eso me hace feliz. No soy ni he sido egoísta en mi vida, no se ser así. Tú me enseñaste eso y te juro que lo atesorare como el más grande de mis recuerdos hasta el día en el que este cuerpo se canse de albergar esta alma inquieta que me dio Dios.
Hace poco viaje de nuevo a destinos desconocidos. Me empape de nuevos horizontes, gente, comida y paisajes. Conocí cosas muy bonitas y tuve momentos de inmensa felicidad, pero siempre con el sabor agridulce de tu ausencia y la brecha enorme del dolor que de ella deriva. No se si el tiempo se haya detenido de una amena brutal y desalmada o hasta ahora me doy cuenta de lo vital que eras para mi, pero no veo una evolución positiva en todo esto, cada vez me duele mas y mas. Ya no tengo a quien contarle mis embarradas o pilatunas como tu decías...
Creo que entre mas pasan los días mas te extraño. Las cosas no saben, ni son iguales sin ti, tus lecciones de historia y tu inigualable retorica. Extraño darte besos, contarte mis cosas, llevarte flores y poder abrazarte. Extraño poder tenerte conmigo. Extraño todo. Creo que ese 12 de abril se fue muchas cosas de mi y no se como hallarlas, retomarlas o recuperarlas. Fue como una amputación sin anestesia de mis risas, mi felicidad y mi gran amor. Tú.
Te extraño toda y añoro el día en que nos volvamos a encontrar, solo espero que ese dia llegue pronto…
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