Salir con alguien no es un lio. De hecho Bogotá y cualquier metrópoli subdesarrollada latinoamericana ofrece un mercado variado, donde se encuentran las pseudointelectuales de temas unilaterales y sexo flojo, hasta las “cerebro de pop corn” y útero insatisfacible. Una variedad infinita de mujeres que con sus camaleónicas definiciones alegran o llevan al borde del suicidio al osado que se atreve a deleitarse de sus carnes, sus vidas, sus sentimientos y su ser.
Un sin fin de pieles, olores, argumentos, sitios, conversaciones, sensaciones y hasta traumas. Mi vida desde sus inicios ha estado rodeada de mujeres estupendas, desde mi madre, mi abuelita, mis hermanas, mis tías, mis novias, ex novias y en fin todas con las que he podido compartir, un café, una desilusión, un amor, un orgasmo o un te con galletas. Todas han sido maravillosas fuentes de experiencias y de una u otra manera marcaron y moldearon en mí el ser humano que hasta el día de hoy proyecto ser.
Alguien me decía un día: “hey diego tu problema es que no sabes que es lo que quieres”, y creo que nadie había tocado el punto tan acertadamente como este personaje. Fue sin querer el dedo en la llaga y la luz al final del túnel. Y si. No se que quiero, ni como lo quiero, ni cuando lo quiero. Soy una persona que esta adicta a las sorpresas y que no planea nada, menos en este campo, tan fluctuante como el del amor y las mujeres que vengan con el. Soy un espectador más, de esta novela dantesca que es mi vida amorosa.
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