Los días pasan y las horas con sus minutos y segundos ruidosos, van contando tu vida, para hacerle un conglomerado informativo a la muerte que en cada esquina y espacio, acecha esperando un paso en falso para protagonizar la escena final de tu vida. Las luces del medio día labran cataratas de punzantes malestares y la cabeza a punto de explotar intenta desesperadamente recolectar cada recuerdo de las imágenes dispersas de la noche anterior.
Es un día más, con sus miles de cosas. Un día con nubes, sol, niños jugando o haciendo la tarea. Un día con vacios, plenitudes y vasos de refresco toxico. Un día en el que te encuentras en la terraza de un edificio y no sabes si agradecer a la vida por tantas cosas o simplemente correr y arrojarte al vacio para que la gravedad y las circunstancias demarquen tu camino.
Un día más. De esos de café y arrepentimiento en la mañana, pasta con salsa bolognesa o suspiros en la tarde y finalmente pizza recalentada y pensamientos vagos en la noche. Los días a veces son así. Como vueltas en el carrusel que en exceso te hace vomitar o en el peor caso de todos aburrirte.
Un día más.
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