
Al borde de un colapsante diario vivir enfoco mis análisis en mi contorno y denoto un panorama mas desolador y pobre que guion de novela mexicana.
Vivo en un país de dementes que desde que vinieron unos saqueadores, violadores y corruptos españoles se llama Colombia.
Colombia es la patria que mis padres decidieron fuera mi cuna y que en mi concepto sufre de una bipolaridad abismal que deja perplejo al más inmutable de los mortales. Es un país de dos océanos y el mayor desplazamiento forzado interno del mundo. Con una flora y fauna diversa y rica en biomas pero también con los índices mas altos de miseria extrema del continente. Con la posición geoestacionaria ideal en el globo terráqueo y un conflicto armado de mas de cincuenta años que le ha destruido la vida a millones de inocentes. Con el sanandresano mar de siete colores que faculta su isla más hermosa y unas políticas excluyentes que permiten a unos pocos el privilegio de tomar un libro en vez de empuñar un arma. Con un nobel de literatura que entre mariposas y coroneles olvidados nos dio el dato exacto que tiene la caducidad de la soledad y un monstruo que mato y violo a centenares de niños y que ahora en una cárcel de máxima seguridad, con una biblia debajo del brazo pide la libertad como trofeo de su postiza y carente redención (como la de todos los sujetos de doble moral mal denominados cristianos). Con miles de gentes trabajadoras y como decimos acá, “echados pa´lante” que sacan empresas quijotescas avantes pero también con muchos depredadores de humanos que despedazan, descuartizan, ocupan curules y destierran a las comunidades indígenas y campesinas en un afán apocalíptico que fomenta las ansias de poder.
Una sórdida bipolaridad en la que se desenvuelven a diario las facetas malignas y benignas en un desenfreno constante y de la cual me retroalimento para elegir bien el bando de mi inclinación. Un bando donde hay sonrisas afroamericanas, sabiduría indígena, tazas de café, paseos de olla y carnavales llenos de fiesta y color con su infaltable reina. Un bando donde se pueda soñar con que la balanza se equilibre de forma justa, donde los anhelos no los frustren unos pocos y donde la sonrisa y las ganas de vivir no las motive las condiciones precarias de todo tipo sino la acumulación de horizontes placidos en el cuadro relativo del destino.
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