domingo, 6 de febrero de 2011

INFAMIAS



Los seres humanos somos expertos en construir tragedias y eclipsar la felicidad todo el tiempo. Nos gusta arrebatarle la manta que cubre de frio al hipotérmico y lanzar de bruces por la escalera al desvalido. Es una conducta recurrente y que se convierte en una lapidaria constante.
Lo que atañe al tema no es la trascendencia que dicha conducta influya en el mundo despiadado y globalizado que tenemos, ni mi intensión (por ahora), es hacer un tratado sobre cual realidad utópica es la que se debe aplicar para que la humanidad dosifique su destilación de odio. No. Traigo el tema a colacion porque últimamente construimos pequeñas murallas mentales donde prima la egolatría y sale disparada por la ventana la sensatez.
Enmarcamos nuestro criterio con lo que pensamos y levantamos murallas en las que solo entra el caballo de Troya de nuestro ego creándonos ciertos conflictos que desestabilizan el orden propicio que nos procura para no colapsar.
Nos pasamos la vida pensando que para el mundo somos indispensables y que el núcleo del mismo somos nosotros. Pensamos que somos superiores por lo que sabemos, lo que creemos o lo que improvisamos atesorar.
Razonamos a veces y algunos con mayor frecuencia que otros, que la mejor manera de sobresalir y competir es atropellar los derechos de otros sin importar quien o quienes se vean afectados.
El ego es el corrosor de la sociedad y llevado al extremo una maquina destructiva voraz. Es una vía directa al suplicio de la idealización del yo irrefutablemente aniquiladora. Creer ser mas que los demás es un problema grave por que en si mismo es una estupidez que esta de lejos inconectada con la cruda realidad.
Hace unos meses tuve la oportunidad de leer “el palacio sin mascara” de Germán Castro Caicedo, donde se relatan los pormenores de la masacre que en el fortín del aparato legal colombiano se desato. La lectura de este texto para mi fue muy dúctil porque cada relato o testimonio me introducía aun detalle aun mas escabroso. Y no es mi gusto de amarillista el que me incitaba a leer, era una pregunta básica de una persona con valores medianamente forjados, ¿toda esta aberración es posible?...
Y si…. Fue posible esa noche del 6 de noviembre de 1985 donde la infamia estatal se mezclo con la infamia guerrillera creando un coctel del que la provechosa e insaciable muerte se satisfizo de beber.
También indague en las grabaciones de la época y los respectivos videos donde me encontré con los gritos de clemencia, de ruego, y de piedad del entonces presidente de la corte suprema de justicia. Eso me hizo poner la piel de gallina y sentir el enorme vacio apocalíptico que genera el vástago de la impotencia. En este punto es cuando sustento que el orgullo y el ego puede pasar por encima del que quiera para imponerse de manera abrupta sobre cualquiera y que no importan los gritos de clemencia si por encima de la vida impera la idolatría del yo…
No soy partidario de la parte estatal ni la subersiva, me parece que la violñencia jamás esta sustentada y que en esta contienda los únicos que perdieron fueron los inocentes que fueron sacrificados en el aquelarre que organizo el odio y la irracionalidad.
Solo queda algo claro que el ego y pasar por alto el derecho a la diferencia nos da la libertad de ser lobos para nuestros congéneres y que si no admitimos que la pluralidad es la regla, estamos jodidos.
Ya por ultimo al respetado lector le hago la invitación a tan provechoso e ilustrativo libro y me permito agregar una frase clave que la pluma fugaz e ingeniosa del autor transcribiendo una frase del general Luis Plazas Vega en la noche donde las llamas calcinaron el palacio de justicia avivadas por el viento de la sevicia…
“ - VAN A MORIR LOS MAGISTRADOS .
-¿SI? PUES QUE DESPUES LES HAGAN ESTATUAS.”

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