
La furia de los actos erróneos se condensa y vislumbran centellas fulgurantes de irraciocinios por doquier, problemas matutinos se labran en el campo estéril de tus pasos mientras abuelos sin compañía abren pasos arrastrando sus caminadoras o apoyados en bastones y la alegría del vulgo se hace cada vez mas ajena.
Es un llanto fúnebre que radica de tus entrañas pero que solo a ti te afecta. No es un daño sustancial colectivo, sino un deterioro personal primordial el que te atormenta y vuelve los días cargas de arado, mientras por los surcos de lo correcto marcas zig zags incoherentes.
Una sinfonía de los hechos que solo expelen ira y que al final de cuentas te secan por dentro para finalmente dejarte en una banca solitaria de la cual por cobardía no te levantas ni te vas a levantar…
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