
Hay muchas cosas y circunstancias en la vida que quedan escritas, programadas en el tintero de las cotidianidades pero que no se pueden, o nos da la voluntad de llevarlas a feliz término o a puertos de mayor satisfacción. Nos proponemos ciertas cosas en pro o en contra de nuestros beneficios y juramos no volver a caer en algo o en alguien, haciendo hincapié en que es nuestra voluntad de hierro la que nos sacara avante de todas las tentaciones que pululan y se atomizan fácilmente en el ambiente.
Lo difícil, es cuando las constelaciones, los sitios a los que vamos y hasta nuestras amistades son un declive para una noche de magia , de recuerdos y de cosas amenas que van llegando sin que nadie las invite, pero que de pronto y de manera sustancial, se van convirtiendo en el eje central de una velada a la que nadie fue invitado, que nadie organizo y que no estaba estipulada, pero de la cual todos alzan sus copas desde los sofisticados y presuntuosos que beben champagne, pasando por los que aprietan un vaso de whisky con hielo (me incluyo), hasta los que con copa de cristal toman el anís de las montañas (muchas veces más me incluyo).
Es difícil estar en contra del destino o de cualquier payaso que desde el mando central del universo nos raya la cabeza, cuando nos va metiendo en ponqués de bodas pobres, en paisajes de guerras con samuráis o en este sitio de luces intermitentes, mini- coopers, mujeres de ensueño, vestidos costosos, smokings de alquiler ostentoso y con una persona que algún día conocí y por la cual sé, que es mejor decir que no se saben hacer las cosas (fundí el motor del carro de mi papá saliendo de Unicentro por dármelas de ser el putas que no soy), pero que por la violencia desangrante del país se fue con su familia para Carolina del norte a buscar un sitio más relajado para sembrar raíces, donde hayan menos balas y más oportunidades. Un encuentro fugaz, de movimientos lentos y conversaciones largas, de colores en el cielo y de un regreso que inquieta los días y me recuerda mis días cuando era niño y en la vida equivocarme, me importaba un carajo.
Sonrisa.
Canción:
Voy a vos de VILMA PALMA E VAMPIROS, preferiblemente en el concierto de OLE en el club Cafam hace como 13 años.
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