miércoles, 23 de noviembre de 2011

EL ARTE ENTRE LO BELLO Y LO SINIESRO


Desde siempre hemos tenido en cuenta que el arte y sus manifestaciones (cine, narración, pintura etc), ha estado ligado a una serie de procesos de producción lúdica en los cuales se ha tomado como referente ciertos lineamientos y parámetros por medio de los cuales, se busca una obra excelsa, con una buena cantidad de matices y llena de detalles que hagan de dicha obra, un compendio de elementos que deriven en un loable resultado sin acortar los pasos que por lógica se deben dar. Lastimosamente en nuestros días estos elementos se ven reducidos, o en ciertos casos eliminados en pro de la producción masiva del arte, vulnerando principios que, aunque sutiles, determinan inevitablemente la calidad estética de lo que los artistas dan a ver a la luz.


Ahora, en un contexto más amplio la lectura nos invita a ver que la creación del arte no es solamente una consolidación de la lucidez (esquematizada por la luz) la que da por si las la creación de las obras primas e inspiradoras, sino que, por el contrario, son aquellos elementos de oscuridad interna del artista las que dan los matices de una nueva y sublime sensibilidad de lo que nos rodea y lo que el mundo imprime en nosotros en una actividad que de manera altruista nos lleva a condensaciones de conceptos y combina los elementos sacros, como los que derivan del interior de nuestras falencias, debilidades, miedos y tristezas.


Esta es para mí la diferencia entre una persona que haga bien las cosas como un tecnólogo, un técnico en graficas a escalas industriales y un verdadero artista. Para el técnico de los elementos gráficos solo basa su talento a no salirse de ciertos esquemas y ordenes definidas, en cambio para el artista son precisamente esos lineamientos los que lo coartan y cuando sale de esa cuadricula creativa, es cuando realmente afloran esas musas que inspiran y que Kant denomina en la crítica del juicio, como la categoría de lo sublime, es decir, el paso definitivo y la expansión de la estética mas allá de la categoría limitativa y formal de lo bello.







Por ello y para culminar esta reflexión, concluyo que si bien la belleza y la estética es el fin de toda obra de arte en cualquiera de sus expresiones, ha de tenerse en cuenta que solo lo que trasciende del interior del creador, de su interior entre la represión pura de lo siniestro y su representación sensible y real de lo que infiere el exterior en su interior. Por ello una inspiración artística tiene que ser el producto de lo que en si se saca de manera visceral de las entrañas y que se expande en el espacio de las ideas, haciendo que el espectador se atesore de un poco de sensibilidad del artista y de allí entienda y sienta la esencia de la obra que se le está presentando, haciendo de esta relación, un binomio que permita que lo que se le presenta se convierta en una obra memorable, convirtiendo toda esa angustia, esa tristeza, esa oscuridad latente e interna en una obra maestra como los cuentos de Edgar Allan Poe o las pinturas de Frida Kahlo.

(imagen del la revista virtual de cultura y política LA LETRA EÑE www.lateclaene.blogspot.com)

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