miércoles, 16 de noviembre de 2011

EL CUENTO DE LA VIDA DE ANDRÈS CAICEDO


Cuando se entra en la línea literaria de Andrés Caicedo, inevitablemente uno se empapa de la fuerza volátil e incontrolable de esos años 70´s que entre los vástagos residuales que dejaron las faenas en pro de la paz, el consumo de alucinógenos y el emergente rock and roll, la inminente incursión tecnológica y la voraz llegada de los 80´s con su cultura pop, su frenesí de cabellos de colores y sus peinados esponjados al estilo Alf. En los escritos de Andrés se narran y detallan las vidas de una ciudad como Cali, tan caliente como su clima y frenética por un ritmo que desembocaba desde barranquilla y que los negros denominaban “salsa”, un ritmo que se apodero de los barrios periféricos y pobres, y que poco a poco colonizo la vida de los blancos y ricos de la sociedad vallecaucana, una sociedad que en medio de carteles de la droga, de calles de barriada y el dedo indicando el norte de Sebastián de Belalcazar dieron como hijo precoz y adicto al valium, los cuentos de Edgar Allan Poe y el cine norteamericano a un Andrés que enfermo por su obsesión hacia la que sería su obra (su vida).



Por ello acá cito el libro: EL CUENTO DE MI VIDA, el cual es una recopilación de los diarios que atesoro su hermana más querida y que no salió a la luz pública como los que han seguido a su obra maestra “Que viva la música!” (Sin contar su obra maestra en las tablas como lo fue la adaptación de la historia de Arthur Gordon Pym de Edgar Allan Poe), ya que quedaron en uno de los baúles que guardo su madre, en aquel cuarto que tanto maldecía, pero del cual salieron sus más sublimes, viscerales y arraigados escritos. Les comparto estas frases que para mi fueron de gran interés durante la lectura, como una experiencia literaria mas, en una jornada que hace dos días viví y que devore en tan solo unas horas, por la misma mística de su narrativa y porque en lo que respecta a mí, describe claramente lo que es Caicedo y su enfermiza carrera contra ese tiempo que se llevaba lo que con su suicidio jamás dejo: su juventud.



Acá están sus frases, disfrútenlas:



“Como no hay nada más que hacer en esta vida pues entonces conformémonos con las travesuras que pueda realizar, las acciones neutras, las acciones que producen sufrimientos en los otros, las malas vidas, la sequedad de los corazones, la luz del sol, el reverberar la apatía de ahora que escribo automáticamente, pues no puedo avanzar en este relato.”



“Su amor fue como un viaje sin regreso por la selva más tenaz de todas, la del choco; fue como pasar hambre y darse después un festín y emborracharse con cerveza helada”



“Nuevo motivo de tristeza, mas yo caminaba eludiéndola, combatiéndola, con la borrachera del aire puro borboteando en los pulmones. Diversas clases de verdes; claro hacia la orilla del rio, oscuro, casi negro en las montañas del frente, pero todos muy brillantes.”



“La falta de estimulo en las lecturas, en los nombres, me traería un apocamiento en lo que hasta ahora, cuidada o descuidadamente, ha sido mi vida.”



“De sexo, no supero la general desconfianza y temor ante el objeto amado. Desempeño una mejor función si el objeto es escogido en ordenes anormales (…) en cambio hay un temor reciente cuando se trata por ejemplo, de una muchacha distinguida por su corrección o su inteligencia. Allí prefiero abstenerme antes que enfrentarme a la dolorosa posibilidad de fracaso y caída.”



“Es el dilema, la agria tragedia de la clase media. Saber que regreso allá a nada nuevo y sin nada nuevo, que no llevo sino mi piquito mas de distracción, mi capacidad de tener minada por el terror mismo.”



“Tengo adentro un rio de arena hirviendo que poco a poco se agota en un hoyo profundo y negro, y no he tenido tiempo para probar en verdad el placer de la compañía, eso que intuyo, el placer de la celebración, del amor, de la música.”



“No quiero empezar con las melancolías, al menos no con las preguntas y las respuestas, pues no voy ni por media página.”



“Tal vez escribo hoy a manera de resolución, a manera de darme un plazo de quince días para dejar de hacer las cosas mal, un mes y ya una saldrá bien entre las diez que se propongan, un año y mi cara tendrá brillos nuevos y yo estaré, no puedo sospecharlo, con nuevos compromisos muy distintos con la gente que conozco y me está hundiendo, ellos, pobrecitos, tan débiles y tan puros, sin saberlo.”



“Yo creía antes que el mecanismo de la autodestrucción era una forma de lascivia, ahora voy sabiendo que no mas es una forma de comodidad, la mayor de todas, obscena y perversa hasta la medula.”



“Se mete uno por recovecos extraños cualquier noche, sin responsabilidad, y a la mañana siguiente o días después vas descubriendo que lo que hizo fue comenzara matar de una vez por todas su capacidad de emocionarse ante los hechos de las personas y de allí en adelante, compañero, vía libre al infierno.”



“Las cosas parecen mucho mas grandes cuando uno esta chiquito, y tal vez sea ese el motivo de que uno quiera engrandecerlas cuando crece.”



Este lo leí al final del libro, don de Andrés en una extensa y muy diciente carta le expresa a patricia, su gran amor, lo mucho que le hace falta y como esa pena por su ausencia eclipsa el hecho de tener el primer ejemplar de la que sería su obra maestra “Que viva la música!” en sus manos y no tener motivos que festejar:



“Te adoro, te idolatro, si no puedo vivir sin ti, llevare, supongo, una especie de anti-vida, de vida en reverso, de negativo de la felicidad, una vida con luz negra. Pero brilla el sol, tu puedes estar cerca. Ahora salgo a buscarte. Amor mío.”

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