
Tal vez a veces pase que uno quiera seguir los pasos de la gente que hace bien las cosas, que iza bandera siempre, que se gana los primeros puestos, que tienen esas relaciones largas y estables, que se enamoren una única vez. Que terminan el bachillerato con los más grandes honores. Que en la universidad se ufanen de sus promedios. Que los profesores los ponen en punto de referencia. Que se ganan becas académicas. Que se la pasan en seminarios de cosas que a nadie le importa. Que solo tienen vida en una sala de profesores y así mismo se conviertan en su sombra. La gente que en medio de técnicas avanzadas de adulación consiguen cierto estatus y referencia dentro de ciertos espacios. Que terminan casados con damas de sociedad con vestidos largos y anillos con diamantes. Que terminando sus días tienen hijos que se fotocopiaron no solo genéticamente, sino que cumplen a cabalidad con su legado de supuesta perfección. Que quieren envejecer, pero que odian a sus nietos y que su prepotencia los insta a infravalorar el mundo.
A veces pienso que el mundo esta dividido entre las personas que hacen todo como se debe hacer y las que hacemos de la vida una constante improvisación y que como queremos o podemos salimos avantes a pesar de la cuadricula irrefutable que nos demarcan las reglas, los días, los estereotipos y la sociedad. A veces me gustaría ser una de esas personas que se levantan con una bitácora previamente estipulada y que así mismo se trazan los sueños, los anhelos, los amores y los fines de cada día, semana, mes, año y hasta vida.
A veces corro el riesgo de querer ser eso y me embarco en proyectos financieros, me endeudo con bancos, me estreso con obligaciones mensuales y hasta programo en las mañanas que voy a hacer. De una u otra manera esto me ha ayudado a tener ciertas cosas que son inherentes y necesarias en este mundo al que me acogí desde que con una gran bocanada de aire y la separación por mi cordón umbilical llegue. A veces hago parte de esto que se llama “lo correcto”, pero de una u otra manera siento que no me llena, que no cumple con lo que yo considero una verdadera vida y que de manera irremediable me llevara a una contravía con los demás que siguen lo que les digan para que hagan las cosas sin pensar.
No quiero ser el intelectual varado que vende papeles e inciensos en la 19, ni el poeta decadente que vende sus creaciones por un pan duro y viejo. Tampoco pretendo ser un prócer de la espiritualidad en tiempos tan materialistas e insanos como este. Además se me hace impensable tener que lidiar con el fracaso y la desazón que da el no haber aprovechado las oportunidades por simples principios idílicos, utópicos e irrealizables. No. No pretendo esto, como tampoco pretendo ser una bestia despiadada que se devore a los demás con el lastimero pretexto de la ambición, ni tampoco pretendo la sevicia de quitarle el pan de la boca a un hambriento, solo por el hecho de acumular mas números en mi cuenta bancaria.
Solo quiero algo sencillo, algo útil, algo sutil, algo importante que me encuentre en mi vida y que no solo me rotule por una corbata, un buen vestido, un cargo o una vida crediticia. Quiero algo que diga que haber elegido una carrera profesional y ser un abogado no me inste a ser caudillo de las causas poco loables y que mis títulos estén untados con la poca gallarda justicia.Creo que me gustan mas los temas soleados, las discusiones variadas, los comentarios ácidos, los chistes irónicos, las conversaciones politemáticas y las tardes de lluvia dentro de mi casa mirando como los demás se mojan. Quiero que lo que escogí ser, no sea un deseo adusto, sino que ayude a construir un país desde objetivos mas amplios que el clientelismo y la poca monta académica, personal y ética de nuestros gobernantes. Quiero y se que puedo ser diferente creando espacios como este en el que se enmarque mi completa desalienación de lo que para todo el mundo es normal. Quiero ser más de lo que los esquemas prejuiciosos pretenden. Quiero. Y como dice el adagio popular:
"Querer es poder."
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