miércoles, 22 de febrero de 2012

EL RONRONEO DEL CORAZÓN


En cada rincón del corazón se haya las noches de insomnio, los días de libertad, las tardes de suspiros difuminados y las madrugadas intentando recordar entre blancas ovejas que saltan por cercas bajas, los sueños que infirieron una sonrisa y uno que otro gesto involuntario y placentero. En cada rincón del corazón hay una ilusión sustancial que da vida a los días y permite hacer del hecho de levantarse algo más que un simple acto mecánicamente prefabricado. Es allí donde residen las alboradas adustas que asolean las dudas y las tristezas profundas que encandilan el alma.



El corazón es el sitio donde se funden nuestras penas, nuestras alegrías y nuestras cotidianidades. Es en el corazón donde atesoramos nuestras mejores experiencias de esta polifacética y fluctuante vida, que, con sus pros y sus contras, nos deleita con el sosiego de la espontaneidad y la improvisación. En el corazón y en sus rincones es donde guardamos todas las cosas que con jirones alargados de piel se meten y sostienen en nuestro ser y por los cuales merece la pena abrir los ojos cada mañana.



En el corazón albergamos más que arterias, músculos, válvulas pulmonares, ventrículos, atrios y troncos pulmonares. En el corazón esta plasmada nuestra humanización y es por ello que aunque lo que nos duele se condense, analice y clasifique de manera razonal en nuestra cabeza, es solo esa punzada y cobarde estocada de torero la que se siente en el pecho haciendo que la lógica de la razón colapse, y sean nuestros sentimientos mas internos los que nos guíen por los senderos que en la mayoría de los casos guía asépticamente un tercero.



El corazón es tan fuerte como para erigir imperios y tan frágil como para partirse en pedazos por una traición. El corazón es un ente interno independiente como un gato que toma como rasguñadero nuestras entrañas, y que nos ronronea en el estomago haciendo despertar las mariposas que solo se agitan cuando aparece un ser especial que en otro contexto alegra y engalana el firmamento.




Es bueno saber que mi corazón últimamente ronronea más de lo acostumbrado. Es bueno saber que hay vida después de la muerte…

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