domingo, 23 de octubre de 2011

REMEMBRANZAS DE UN DÍA COMO HOY: DOMINGO


Hay días (como los domingos) en los que evocas rostros, mentes, conversaciones, momentos y determinadas situaciones que juegan cruelmente con tu memoria y la nostalgia empieza a patearte el hígado sacándote uno que otro suspiro, o en un acto de total masoquismo, mas de una sonrisa. De esas leves que no se borran y que irremediablemente nos hacen pensar mas de la cuenta y nos llevan hacia lugares en los que no estaremos, con personas que no volverán y sintiendo sensaciones que hasta el momento se consideran muertas o por lo menos desaparecidas.

Me acuerdo mucho de cuando hacia meritos por quedarme en la casa de mis tíos y poder jugar con toda la horda de primos que incubo una gran familia costeña de la cual provenía mi señora madre y con los cuales pase los mejores momentos de mi infancia. Recuerdo también que nunca fui muy bueno para los deportes, pero que mi instinto de competencia me hacia distinguirme entre los ganadores aun cuando siempre he sabido que no soy muy hábil para ello. También recuerdo las piñatas con juego de mesa, mis camisas hasta el ombligo y mi mama siempre detrás mío para que no me metiera en líos o dejara a un lado a los demás para irme a escabullir hacia las calles o irme a darle coscorrones a las primas lejanas que hablaban un gaucho muy arraigado, por el cual yo me reía y burlaba explicándoles infructuosamente que no se dice: “vijjte”, sino “viste”, y así demás pavadas por las cuales fundamentaba mi abuso.

También recuerdo mi primer viaje a la ciudad de Neiva, cuando con mis amigos de estadio y gamineria nos fuimos a ver a nuestro equipo de nuestros corazones, en un bus de servicio intermunicipal, solo acompañados por nuestros morales, plata de nuestros ahorros de la mesada del colegio y otra que habíamos conseguido vendiendo unas boletas que le habían regalado a mi papá para el concierto de Vicente Fernández. Tenía yo trece años, estaba cagado del susto, pero vi eso como un acto temerario para desafiar la libertad coartada por padres sobreprotectores como los míos y como un acto que marcara un precedente de que Diego estaba cambiando, precozmente, pero estaba cambiando.

También evocando mis nostalgias me acuerdo de mi primera vez. Como ese miedo escénico y demás cosas que le abruman la cabeza después de ver mil películas pornográficas en compañía de la gente del colegio y los mil miedos por saber que pasara después, que se sentirá, como será uno en ese plano de la intimidad y con quien será, cuando, como y porque. Para mí fue bien, salido de eso que a algunas personas que conozco le amputaron: El corazón. No fue con una puta como un amigo que el hermano lo obligo, con la peor es nada del salón o en un acceso carnal violento con un cura. No. Fue con alguien que en su momento representaba ciertas cosas que jamás había sentido y por las cuales hace aun más memorable y autentico ese momento en el que pase de ser un niño, a ser un hombre.

Días como hoy, con lluvia, frio, de nubes grises, son los que así no me guste me recuerdan que estoy vivo. Que aun cuando hay cosas que jamás volverán, me motivan para vivir y pensar en las sonrisas y tristezas que vendrán más adelante. Días como hoy son los que me rememoran los seres que ya no están. Los que me forjaron, los que me enseñaron lo que se, los que me amaron, los que me dieron todo y los que aun cuando les baje la luna con un racimo de estrellas llenas de mi amor, no vacilaron en meter mi corazón en la licuadora y oprimir el botón de encendido.

El pasado es una balanza de lo que has hecho, y el que te permite mirarte al espejo como lo hacen los guerreros y vislumbrar cuantas heridas te dejaron tus pasos en el cuerpo y cuantas coronas de olivo adornan tu cabeza. El pasado es algo así como una estación que pasaste y de la cual tan solo te queda por ver quienes se fueron tristes por el vacio que les dejaste en su existencia y quienes hicieron fiestas por tu partida. Para mí en general el pasado es un tema difícil, porque no se desprenderme de las cosas que he amado y de las cuales en su momento me ufane que fueran mías. Para mi desligarme sugiere todo un proceso. De hecho es bastante largo y dispendioso el proceso. De ahí que más de una persona que me conoce dice que a veces me ato a personas que no ameritan mi atención o que en conclusión me gusta adherirme a los casos perdidos o a las personas equivocadas. No sé, solo sé que hoy rememore cosas y de ellas derivaron estas letras para de una forma sana, mirar ese pasado con mucho aprecio, sin rencores ni odios y recibir la buena nueva de un presente y futuro sin nubes negras y con mil retos más. Ver por la ventana de lo que fue y sentirme a gusto de que aun no veo bombos y platillos por mi despedida y sabiendo que más de una estatua de sal que quedo en mi pasado, ansia así sea por un rato mi regreso…

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