sábado, 17 de septiembre de 2011

EL DILEMA DEL DÍA DEL AMOR Y LA AMISTAD


Las luces de la noche se condensan entre corazones de colores perlados y parejas que se contonean al ritmo de la música, el compas del son y las campanas del fondo. El día de los amores se engalana de esquelas aromatizadas, chocolates artesanales, flores mal cortadas y frases que buscan la trascendencia y por lo general son un derivado más, de un proceso cataléptico de producción masiva que busca conmover a alguien en particular.


No soy quién para decir que está mal quien diseño estas fechas para reflexionar sobre los valores altruistas del amor, la amistad y demás cadenas que labramos con el objetivo de suplantar nuestra soledad. Esa que en las noches sin luna nos saca las entrañas y juega con lo que tenemos adentro, lo que nos pudre y sustenta al mismo tiempo. No, para nada. No soy ni un sociólogo consagrado, ni un antropólogo social que se jacte de lo correcto, o lo que se deba, o no hacer.


Solo pasa que me molesta de sobremanera entrar a un centro comercial (el palacio del inútil), y mirar en que desperdiciar mi tiempo y ver personas desesperadas (hago hincapié en “desesperadas”), por comprar artículos que solventen una interacción personal real y valida con una persona, porque hay una fecha comercial llamada. Día del amor y la amistad, y que dependiendo del articulo mercantil que se adquiera y entregue, derivan los agradecimientos o rechazos del beneficiario, novio, novia, amante y/o persona a la que se detesta pero que de una u otra manera se quiere o pretende caer bien, o en gracia.


No sé, extraño los días en los que las flores, los detalles, peluches, chocolates, blazers horribles (los de navidad) y los libros se daban por lo que se motivara en el corazón y no en el rotulo de una fecha que algún director de fenalco, el ministerio de hacienda o cualquier otro encargado de la comercialización de las expresiones de afecto haya decretado. O acaso porque un día del amor y la amistad no es un 8 de septiembre, o un 10?. No. Debe ser un 15, 16, 17 o máximo 18, porque prima el interés mercantil, a la motivación emocional que deberían tener estas fechas. Todo esto sin mencionar el mes de diciembre, donde la gente deambula y corre como desesperados a los centros comerciales a estrenar, porque hay que estrenar, a comprar pavo, porque hay que comer pavo, a comprar el árbol de navidad más grande (como si de allí derivara el fragor humano de estas fechas), y a estrenar ropa, porque toca estrenar (algo paupérrimo de instinto de inferioridad y alienante).


Esta es mi postura hacia esta fecha, y por ende de antemano manifiesto que es una posición personal que no debe coartar su regalo de amor y amistad o sus compras navideñas (no quiero colapsar las ganancias de los comerciantes, ni ser ajusticiado por el emporio de los peluches, las cajas de flores o las fabricas de chocolate suizo), pero si quiero expresar y dejar como mensaje que una fecha no nos debe hacer más amables, ni un regalo más importantes, no. Deben ser los designios que nacen de nuestros corazones, los que deben embargar de alegría a los que sean privilegiados con nuestros afectos, regalos, besos, palabras o cualquier tontería. Para querer no debe haber una fecha, solo un motivo. Un motivo tan grande que nos alegre los corazones en el inmenso placer de dar.



Por mi parte les deseo el mejor día del amor y la amistad a mis amables lectores!.

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