
Las cosas y los anexos que llevan con ellas toman sus caminos y a veces no es el destino el que demarca la ruta de la perdición o salvación. Elementos flotantes y dispersos se dilatan en esteras de mil colores y llenas de ranuras biseladas de fibras naturales combinadas con hilos de poliéster, formando un amplio glosario de palabras, letras, sentimientos, leones de peluche, lápices de colores y descripciones.
El ambiente es voluble, hermético y sintetizado en axiomas razónales que se condensan en principios morales y la capacidad mental (esa que se limita a los parámetros que uno amarra con su cabeza), del bienestar. El mundo no merece sortear una molestia más que se comparta o impone bajo el tormento emocional de una vida que se colapso por el infortunio, el abuso de cosas no bien vistas y la polarización de los pensamientos.
La calle se sigue tornando solitaria, fría, verde, gris, azul. La calle adquiere los rasgos de un enorme felino que cuando los que van a emplear sus energías por un numero en la cuenta a fin de mes , sale para devorar las ratas que invaden la ciudad. O que, aun habitándola de manera continua, relucen como un escombro flotante de una larga y subsana urbe.
Las pulsaciones de las emociones amenas se dilatan como cauchos lánguidos entre los mas míseros extremos y lo mejor de vivir siempre tiene la aguja avisando que el tanque esta vacio. Todo es una jungla que difiere de los libros de infancia en los que los humanos hablaban con los monos y las aves leían la fabula antes de cerrar los ojos e ir a los reinos de Orfeo. Todo pasa, todo cambia, y este cuerpo que se refugia entre hojas de periódico y malas horas sin dormir añora los días en los que todo era más ameno, las cosas llegaban porque si y no vivía al borde de la locura la tristeza y acompañado por la insana soledad.
Centro.
Madrugada.
Tristeza.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario