
Iba caminando por teusaquillo divagando mentalmente por calles que en un momento dado considere mías y que entre hospitales desahuciados, clínicas de reposo, hamburguesas vegetarianas, perros a la deriva, calles rotas por la incesante corrupción, trabajadores laborando con desgano y muchos, muchos, muchísimos dulces de colores y sabores diferentes.
Caminaba por un imperio que en un momento dado invente. Un imperio de hadas tornasoladas con textos rebeldes tatuados en su materia gris y dragones con el pelo largo que se acomodaban torpemente en torno a una fogata que mas bien daba la impresión de ser una hoguera inquisidora medieval.
Divisaba desde la oblicuidad de mis pasos y memorias y la de mi memoria, los pasajes donde rescataba todos los días a la princesa y de los cuales podía ufanarme de la bastedad de los territorios conquistados y la belleza de mis reinos.
Pero finalmente todo es una mentira dentro de lo que pude divisar y el hecho de sentir mis memorias tan ligeras y planas me aboco a replantear una vez más esto. Pensar menos en planos idílicos de fabulas soñadoras que solo dejan un mal sabor en la boca y el costado vacío, inerte y lo peor, a veces esperanzado.
Tal vez no sea un héroe medieval que va con su caballo por la pradera cortándole la cabeza a dragones y derribando cíclopes, pero si he sido un soldado errante que en bastantes enfrentamientos he rescatado princesas que se han difuminado como la tinta en el mar. Quiero una princesa de sueños que me aterrice en la tierra y haga que los días no solo sean confrontaciones poéticas, económicas y materiales. Quiero más, uno siempre quiere más…
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