
Materializo gestos y acciones con la sonrisa que me caracteriza y que se desprende de lo que en realidad y muy internamente soy. No se muchas cosas que quisiera saber , pero aun así puedo escribir paisajes que contengan una que otra noción de trascendencia mezclada con miles de sabores de banalidad.
Hay pensamientos que brincan como conejos en prados de colores y pistas de baile de alfombra persa con bolas de espejos que multiplican los colores y sensaciones del horizonte. Se forman carruseles de imágenes beatificadas y figuras paganas que en conjunto buscan un fin o por lo menos algo similar, algo diferente e irremediablemente que busque algo de beneficio.
Mi cuerpo se eleva materialmente y llega a tocar con la punta de los dedos la similitud que se podría abocar a un día sin contextos, límites o algún tipo de regulación. Soy un niño de nueve años y el señor que esta frente a mi está rezando plegarias llenas de hierbas, mientras por dentro de mi rezo a dios que me saque de este trance tan molesto.
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