La ventaja de los días llenos de resignación es que son fácilmente
llevaderos. Es fácil llenarlos de nimiedades y encuentros inesperados. Cualquier
eventualidad previsible o pasajera, es vista con cierto agrado, con tal de variar
el horizonte inerte de las carentes aristas de las cuales se condensan los
momentos motores de este “colage” biológico llamado vida. Son esos días en los que llenamos el vacío que se lleva en
las entrañas con comentarios tibios, tragos caros, fines de semana en sitios de
moda y funestas dosis de control estructural hacia lo que nos rodea. Nos movemos
gracias al piloto automático que se cierne sobre nuestras existencias, y que,
como dictador fascista, nos va trazando una ruta predeterminada llena de
rutinas circulares, que nos diluyen entre tramos de transporte publico, ocho
horas de labores y una irrisoria paga por un tiempo que jamás volverá, sobre el
bien mas preciado e importante: la vida.
Hoy lamentablemente no es un día de esos. Hoy es un día donde
veo horrorizado, que somos parte de un holocausto, que poco a poco se condensa
en las almas de los seres del común y que desembocan con dobles intenciones,
guerras asesinas por petróleo, hambrunas que diezman millares, colapsos
financieros y globalización. Un holocausto voraz que se vive a diario y que se
oculta detrás de noticias sobre un disco mas de Justin Beiber, un matrimonio en
cualquier pueblo marginal u otra ida a rehabilitación de Lindsay Lohan. Un holocausto
que se oculta detrás de las noticias de farándula, los goles del fin de semana,
el voyerismo y toda esa atmosfera fecal que se desarrolla en los medios de comunicación,
para que como a pollos de engorde se alimente a la masa para su posterior sacrificio.
Hoy es un día en el que me parece que somos parte de una
gran estafa, donde con sueños hechos a escala masiva, nos incubaron el virus
del falso éxito, donde se confunde felicidad con acumulación. Donde se confunde
el amor con sexo libertino e irresponsable y donde la percepción de seguridad
se dilata en miedos demenciales, donde se fabrican odios sin sentido y
enemistades entre pueblos hermanos vomitivas. Un mundo donde los gobiernos y
las religiones ejecutan un efecto mediático y coaccionante, donde el terrorismo
mental y moral es la regla a seguir. Imperios que se ufanan y dictan dogmas
desde palacios, mientras la brecha social en el mundo se ensancha y niños famélicos
se mueren de hambre en el África. Imperios fundamentados por y para
descerebrados, que, como en la edad media, piensan que con monedas de baja denominación
en las limosnas, se van a ganar una suite presidencial en el cielo.
Hoy es un día donde envidio a Hugo Chávez y a todos los que en su
convalecencia y agonía, se acercan mas a la puerta de emergencia que les dará
salida de este infierno que como la metáfora del diputado y político chocoano
Rodrigo Mesa algún día dijo: le aplica
perfume a su estiércol para disimular su propia inmundicia.

Wow que buen escrito, me gusto mucho, espero que sigas escribiendo de esta manera tan particular e ironica de la realidad social.
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