(Música del grupo Lou Reed y su canción Perfect Day)
Quiero que seas esa
lluvia ligera que mitiga el calor en los días exasperantes de sol en el verano.
Quiero que te muevas con la ligereza de las hojas que caen en otoño y crean
alfombras naturales llenas de nostalgias, recuerdos y remembranzas de un pasado
que hasta ayer fue un presente. Quiero que seas esa brisa que refresca las
tardes de junio y quiero también que sonrías cuando yo no lo pueda hacer con
facilidad. Nunca me permitas, ni te
permitas fingir por favor. Solo quiero que seas tú y no pretendo que intentes
ser perfecta ni para mí ni para nadie. Me gustan esas faltas y errores sutiles
que te hacen magnifica y que cubren tu inquietante humanidad. Me gustan esas falencias
porque no quiero un ser alado a mi lado (tengo Ornitofobia, fobia a las aves). Siempre me
han gustado las
personalidades obreras, que no dudan en ensuciarse para aprender. Que no
les importa ser guerreros esporádicos, con tal de indexar en su memoria esas
heridas de guerra que más adelante se transformaran en anécdotas. Inclinarme por
otro tipo seria traicionar lo que soy, por eso siempre me he sentado en la
última fila del salón, me han expulsado, regañado y señalado. Y así, alejado
del rebaño, soy más que feliz.
Quiero que tu mente vuele
y me haga levitar sobre el suelo hasta que toque una o dos nubes y baje con una
sonrisa en el rostro. Quiero que el mundo pase inadvertido si tu estas, que
cada cosa que los demás consideren importante sea superfluo en comparación con
tu risa y tu mirada. Quiero que desde tu humanidad me lleves a otro contexto y otra visión a muchos lugares y
sensaciones que no conozca ni imagine. Quiero que me ofertes solo lo que puedas
dar. Sea poco o sea mucho. Quiero que te deleites de mis falencias y no dudes sospechar de mis aparentes talentos
(desilusionar a veces es uno de ellos). Quiero que me saques de este marasmo rutinario
sin itinerario que exprime y a veces me deja seco. Quiero que desahucies mis
inapetencias y le des vida a la voracidad de las vivencias y las buenas
experiencias. De esas que se viven en viajes sin maleta y café en una librería.
Quiero que existas, no pido más…

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