domingo, 27 de enero de 2013

ENSALADA DE FRUTAS


Cerezas van caminando sobre aceras llenas de chispitas de colores y sabores, azúcar, y miel de abejas recién recolectada. Las frutas se van poniendo de pie, mientras la reina fresa va haciendo su entrada triunfal y parsimonica, entre el racimo de manzanas, los  duraznos finamente rebanados y las ricas y diminutas pepitas que llenan de tonalidades diluidas y alegres el entorno blanco merengue de la crema batida. Las galletas se empinan  sobre una montaña de helado de vainilla a manera de bandera pirata  sobre un océano cremoso,  multicolor y tropical.  Ríos de mermelada llenos de textura, se funden entre el elixir y la lujuria del paladar, dando al sentido del gusto, un banquete épico  y lleno de variedad.







Todo es armonía, todo es bendición. Todo transcurre con calma en el universo paralelo de la felicidad dulce, salpicada de M&M´s y chispas de chocolate, hasta que una titánica cuchara irrumpe arrasando valles, ríos, colinas, banderas piratas y estructuras para arrebatarlas. Para llevarlas de ese mundo perfecto lleno de estabilidad y transitoria paz a otro siniestro, frio y lleno oscuridad. Es mi cuchara la que ataca. Soy yo empuñándola el que mutila y cercena este pequeño universo. Esta pequeña realidad empalagosa y pasajera que se vive entre frutas y lácteos. Entre formas y colores. Entre estados de la materia y formas estético-practicas. Un pequeño universo que se sostiene entre ínfulas de eternidad de los helados, los delirios de grandeza de  las frutas y la concepción de eternidad de las galletas, sin detenerse a analizar el inevitable derretimiento del helado, la ineludible putrefacción de las frutas y el lento proceso corrosor del tiempo sobre las galletas.   





Cucharadas van, cucharadas vienen y todo este idílico oasis lúdico y gastronómico, se va procesando  en mi aparato digestivo, mientras a punto de la saciedad, me pregunto  entre cucharadas, si  en este preciso instante  Dios le estará  dando al mundo  cucharadas como yo lo hago en frente de este apetitoso plato. Porque finalmente y como todo el mosaico de frutas que esta frente a mí, somos un producto evolutivo más, dentro del bolo alimenticio que alimentan las divinidades. Somos una maquetica más llena de bancos, bibliotecas, gente mala y animalitos que corren por las praderas. Porque somos solo una aguja en el océano de la creación y contextualizamos una falacia en torno a nuestras vidas, aun cuando en el fondo sabemos que nuestra instancia es efímera y que no somos sino  un diminuto grano de átomos envueltos en una capa amplia y esponjosa de egos, desdichas, miedos, alegrías  pasajeras, café en las mañanas, sudores y olores diversos…





Creo que mi problema son las frutas. Amo demasiado la comida chatarra como para permitirme engañarla de esta manera.

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