miércoles, 13 de febrero de 2013

TINTO, SUSPIROS, FRIO Y RISAS


El día se compensa, se va manejando de forma tal, que entre calle y calle, se van rememorando  esos días en los que las manos estaban enlazadas y los amores eran perfectamente eternos. Esos días de besos largos, suspiros constantes y palabras dulces. Tan dulces que rayaban en el peligro de producir diabetes. Mientras me como un helado en la séptima, seres alados van entre bosques de cemento, para conjugar sus danzas aéreas en el firmamento lleno de aves mitológicas, peces voladores y garzas de patas doradas. La tranquilidad se agolpa en el aire y se expande entre cada bocanada de oxigeno purpura que llega a los pulmones y permite las funciones básicas y motoras.





Algo ha cambiado en el ambiente. Algo ha cambiado en mí. Las sonrisas son más espontaneas. Ya no causa fastidio ver a las parejas de enamorados que se abrazan y besan sin parar. Ya no se divisa la vida desde un contexto meramente razonal, sino que las playas con pelotas de colores llenas de arena están permitidas, aun estando por la candelaria. Todo cambia, todo fluctúa. Somos una capa de materia mas, que no se pierde, no se extingue, no se desaparece, solo cambia. Creo que mi contexto ha cambiado por pequeños instantes entre risas, anécdotas infantiles y complicidades que se van encontrando en el extraño empalme de dos vidas. Instantes llenos de lluvia y sol (una constante en una ciudad bipolar como Bogotá), que sirven de refugio para seguir adelante, con algo mas que arterias colapsadas por el colesterol, el cigarrillo o los excesos. Cada sensación se va condensando en pequeños suspiros que se agolpan en la memoria de los placidos momentos, llenos de bienestar, ternura y ganas de ser mas. La vida compensa y se encarga de llenar los trazos de cicatrices pasadas, tanto las superficiales o profundas, por experiencias buenas y malas. De caminatas por un mirador o de esa insulsa sensación de miedo que a veces invaden la vida. De días de sol y de tardes grises con zapatos húmedos.






Todo es un ciclo, una bifurcación más de un conjunto de decisiones que conforman una realidad llena de horizontes y esquemas volubles. No se que pasa y eso me gusta. La sensación de control me ha jodido más de una vez y creo que en este proceso el emotivo corazón le va ganando el pulso a la fría razón. En este momento mi existencia se siente libre en ese presidio carente de control que se enmaraña en los sentimientos. Hoy creo que no se vale luchar contra la corriente como el salmón. Hoy no se vale ser escéptico, excluyente o parco. Hoy solo se tienen en cuenta esos instantes de ternura fugaz y placer constante, que derivan en ilusiones y conversaciones  llenas de calidez. 





Hoy dejo que la corriente me lleve a donde me deba llevar. Hoy dejo que las cosas pasen, que las sensaciones fluyan y que te quedes conmigo o te vayas cuando te plazca. Y si es rico, que sea rico. Si es feo, que sea feo. Si va a ser para siempre, que lo sea. Si se termina mañana, que se termine. Solo prometo permitir que pase.  Y si llega a doler, que duela mucho para escribir de ello. Porque en mi corta experiencia de vida he aprendido que el amor es así. Primero duele mucho. Después un poquito menos y otro poquito menos y otro poquito menos y otro poquito menos.  Hasta que nos jubilamos del espectro emocional y nos volvemos arrugados y ajados. Nos apersonamos de nuestra contraindicación…

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