Algo ha cambiado en el ambiente. Algo ha cambiado en mí. Las
sonrisas son más espontaneas. Ya no causa fastidio ver a las parejas de
enamorados que se abrazan y besan sin parar. Ya no se divisa la vida desde un
contexto meramente razonal, sino que las playas con pelotas de colores llenas
de arena están permitidas, aun estando por la candelaria. Todo cambia, todo fluctúa.
Somos una capa de materia mas, que no se pierde, no se extingue, no se
desaparece, solo cambia. Creo que mi contexto ha cambiado por pequeños
instantes entre risas, anécdotas infantiles y complicidades que se van
encontrando en el extraño empalme de dos vidas. Instantes llenos de lluvia y
sol (una constante en una ciudad bipolar como Bogotá), que sirven de refugio
para seguir adelante, con algo mas que arterias colapsadas por el colesterol,
el cigarrillo o los excesos. Cada sensación se va condensando en pequeños
suspiros que se agolpan en la memoria de los placidos momentos, llenos de
bienestar, ternura y ganas de ser mas. La vida compensa y se encarga de llenar
los trazos de cicatrices pasadas, tanto las superficiales o profundas, por
experiencias buenas y malas. De caminatas por un mirador o de esa insulsa sensación
de miedo que a veces invaden la vida. De días de sol y de tardes grises con
zapatos húmedos.
Todo es un ciclo, una bifurcación más de un conjunto de
decisiones que conforman una realidad llena de horizontes y esquemas volubles. No
se que pasa y eso me gusta. La sensación de control me ha jodido más de una vez
y creo que en este proceso el emotivo corazón le va ganando el pulso a la fría razón.
En este momento mi existencia se siente libre en ese presidio carente de
control que se enmaraña en los sentimientos. Hoy creo que no se vale luchar
contra la corriente como el salmón. Hoy no se vale ser escéptico, excluyente o
parco. Hoy solo se tienen en cuenta esos instantes de ternura fugaz y placer
constante, que derivan en ilusiones y conversaciones llenas de calidez.
Hoy dejo que la corriente me
lleve a donde me deba llevar. Hoy dejo que las cosas pasen, que las sensaciones
fluyan y que te quedes conmigo o te vayas cuando te plazca. Y si es rico, que
sea rico. Si es feo, que sea feo. Si va a ser para siempre, que lo sea. Si se
termina mañana, que se termine. Solo prometo permitir que pase. Y si llega a doler, que duela mucho para
escribir de ello. Porque en mi corta experiencia de vida he aprendido que el
amor es así. Primero duele mucho. Después un poquito menos y otro poquito menos
y otro poquito menos y otro poquito menos. Hasta que nos jubilamos del espectro emocional
y nos volvemos arrugados y ajados. Nos apersonamos de nuestra contraindicación…
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