lunes, 18 de febrero de 2013

UNA NOCHE MAS



Una descarga térmica va desglosando los campos de distorsión de la realidad que se genera por cada sensación que se deriva de la música de fondo, los bajos, las notas estridentes, las miradas perdidas y las curvas de las inquietas mujeres, que con sus vestidos ceñidos y su conjunto natural de viernes van desglosando sensualidad por todo su entorno.  La noche se nubla entre el humo de los  cigarrillos que se encienden y que crean la ligera imagen de un pesebre de luces intermitentes, que se levanta  entre los rayos laser del lugar, las bolas de pequeños vidrios brillantes y las pupilas dilatadas, llenas de paisajes psicotrópicos y alcoholizados. Una insulsa alegría que recorre mi existencia, haciendo expandir mis poros y erizar mi piel en un desdoblamiento químico que  desemboca en una tenue sonrisa. 





Los cuerpos danzan, sudan, se rozan y se separan al ritmo de sonidos circulares y repetitivos, cargados de una sintaxis erógena cada vez más constante  y evidente. Cada instante es una gota en el mar de placer que se esparce por las nebulosas de la madrugada bogotana y cada cuerpo, una invitación al aquelarre  el desenfreno y el caos. Un ambiente de bellezas inquietantes, lujo y delirio. Una catapulta de acciones que se sobreponen unas sobre otras para deleitar el paladar de la insensible noche. Una explosión de quimeras, duendes, dragones y hadas mágicas medievales.





Un universo paralelo metido en un sótano que camufla a los que no le temen a la oscuridad y que se alojan mejor entre las sombras de una ciudad que duerme con un ojo abierto, esperando a que cualquier extraño decida atacar. Todo fluye, se estrella y se conecta en una lógica sin razón, mientras bebo un sorbo de whisky y cierro mis ojos.




Música.



Murmullos.



Bailo.

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