miércoles, 20 de febrero de 2013

PARA TÍ...



Hace ya mucho tiempo llevo esta pena en el alma. Esta herida profunda que punza en cada instante, con cada recuerdo y con cada lugar. Una herida que hace que te extrañe y te recuerde mucho.  Ya casi son dos años desde que partiste de este mundo cruel, para verte con tus angelitos, tus historias, tus memorias, tus pajaritos, tus jardines, tus flores, tus paisajes y todas esas cosas que te rodeaban y hacían que tu espíritu siempre libre, divagara entre anécdotas y nos las contaras con tanta pasión y ternura. Hace ya casi dos años desde que Dios decidió que ya habías hecho muchas cosas bonitas  por todos los que tuvimos el honor de conocerte y que crecimos amparados con tus infaltables enseñanzas, tus tiernas pataletas y tu constante dulzura.




Este tiempo ha sido muy difícil abuelita. Para mí ha sido más que difícil a decir verdad. Un tiempo que a pesar de los logros personales y familiares (que con tu ayuda edificamos), no han dejado de ser insaboros y superfluos por tu inmensa ausencia. Han sido casi dos años en los que tu ausencia me ha costado lágrimas, suspiros tristes, penas, desavenencias y profundas tristezas. Un tiempo difícil del que seguramente me quedara una descomunal enseñanza y que hará de mí un mejor hombre, una mejor persona, un mejor amigo, un mejor hermano y un mejor ser humano. Eso que tanto me recalcaste siempre y que atesoro como lo más lindo en el universo y como la herencia más preciada. Pero bueno, hoy es tu cumpleaños abuelita adorada. Hoy es el día en el que hay que celebrar y estar felices. Espero que en el cielo te hagan todos los postrecitos que te gustan y te traten como lo que eres: una princesa. La más linda princesa de todos los cuentos de hadas juntos. Que te apapachen como tus nietos que te adoran lo haríamos y te digan lo mucho que te queremos. Porque de eso ni el cielo tiene la medida…




Desde esta desazón constante llamada vida, por mi parte te deseo mil más. Que la gloria te conceda multiplicada por mil veces todo lo que nos diste y que ojala me recuerdes así sea de a raticos. Como la persona que más te adoro en la vida. Te quiero y te extraño mucho, no te imaginas cuánto. Pero desde el fondo de mi corazón te digo que me alegra mucho que descansas en la gloria de Dios padre y que nuestros deseos egoístas de retenerte en este mundo malo no fueron escuchados. Porque Dios sabe cómo hace las cosas y los tiempos de él son perfectos.




Quien siempre te amara de aquí hasta el último suspiro.



Diego.

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