Hace ya mucho tiempo llevo esta pena en el alma. Esta herida
profunda que punza en cada instante, con cada recuerdo y con cada lugar. Una
herida que hace que te extrañe y te recuerde mucho. Ya casi son dos años desde que partiste de
este mundo cruel, para verte con tus angelitos, tus historias, tus memorias,
tus pajaritos, tus jardines, tus flores, tus paisajes y todas esas cosas que te
rodeaban y hacían que tu espíritu siempre libre, divagara entre anécdotas y nos
las contaras con tanta pasión y ternura. Hace ya casi dos años desde que Dios decidió
que ya habías hecho muchas cosas bonitas
por todos los que tuvimos el honor de conocerte y que crecimos amparados
con tus infaltables enseñanzas, tus tiernas pataletas y tu constante dulzura.
Este tiempo ha sido muy difícil abuelita. Para mí ha sido más
que difícil a decir verdad. Un tiempo que a pesar de los logros personales y
familiares (que con tu ayuda edificamos), no han dejado de ser insaboros y
superfluos por tu inmensa ausencia. Han sido casi dos años en los que tu
ausencia me ha costado lágrimas, suspiros tristes, penas, desavenencias y
profundas tristezas. Un tiempo difícil del que seguramente me quedara una
descomunal enseñanza y que hará de mí un mejor hombre, una mejor persona, un
mejor amigo, un mejor hermano y un mejor ser humano. Eso que tanto me recalcaste
siempre y que atesoro como lo más lindo en el universo y como la herencia más
preciada. Pero bueno, hoy es tu cumpleaños abuelita adorada. Hoy es el día en
el que hay que celebrar y estar felices. Espero que en el cielo te hagan todos
los postrecitos que te gustan y te traten como lo que eres: una princesa. La más
linda princesa de todos los cuentos de hadas juntos. Que te apapachen como tus
nietos que te adoran lo haríamos y te digan lo mucho que te queremos. Porque de
eso ni el cielo tiene la medida…
Desde esta desazón constante llamada vida, por mi parte te
deseo mil más. Que la gloria te conceda multiplicada por mil veces todo lo que
nos diste y que ojala me recuerdes así sea de a raticos. Como la persona que más
te adoro en la vida. Te quiero y te extraño mucho, no te imaginas cuánto. Pero desde
el fondo de mi corazón te digo que me alegra mucho que descansas en la gloria
de Dios padre y que nuestros deseos egoístas de retenerte en este mundo malo no
fueron escuchados. Porque Dios sabe cómo hace las cosas y los tiempos de él son
perfectos.
Quien siempre te amara de aquí hasta el último suspiro.
Diego.

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