miércoles, 2 de mayo de 2012

EL VALOR DE UNA ALEGRÍA SENCILLA: EL PRESENTE




(Música de Lauryn Hill y su canción Cant take my eyes of you)




Cuando iniciamos la maquina de nuestros días, comenzamos una cuenta regresiva a nuestros continuos finales y elaboramos continuamente bitácoras constantes de capítulos por terminar. A medida que crecemos, los días van pasando y de ellos derivamos nuestras experiencias, nuestros recuerdos y nuestras desilusiones o idílicas victorias, para así recrear un esquema que sustente nuestra existencia, y de valor a nuestro papel activo-pasivo dentro del equilibrio universal y sus millones de variantes.




Mis días a veces pasan como los de todos: me levanto, me cepillo los dientes, me baño, me desayuno, me visto, tomo el transporte publico, trabajo, almuerzo, trabajo y mas trabajo y finalmente llego a mi casa con la única intención de descansar. Rutina que en lo particular para mi aterra y vuelve añicos mis nervios. Me aterra porque aun cuanto dentro de nuestra naturaleza están ciertas costumbres prestablecidas e inamovibles de cierto modo por su efectividad material y sociocultural, no son para nada saludables cuando se vuelven tan fijas y van consumiendo obstinadamente la energía de los días útiles en pro de engordar una cuenta de ahorros, llenar de diplomas las paredes del estudio o simplemente sustentar la capacidad de egocentrismo de la persona en cuestión.




Respeto el valor, la capacidad física y mental de las personas que trabajan quince horas de domingo a domingo sin pestañear, ni quejarse. Respeto a los que se van a otros países y tienen hasta cuatro trabajos impensables y que fruto de esta epopeya sacan familias adelante, envían suntuosas remesas y se sostienen donde a veces ni siquiera los quieren. Los respeto. Pero no me parece que el canje: trabajo por salud, dinero por tiempo con la familia o acumulación enferma de capital por vida, sea tan justo o equitativo. El trabajo para mi es una fuente de miles de dichas, logro y metas, y en mi caso es una de las cosas que mas me gusta hacer. Pero así como me parece demasiado inaudito vivir en el pasado y hacerle reverencia, también lo es vivir en el intangible futuro, sacrificando el presente (lo único palpable y real), solo por una concepción efímera de estabilidad (en un plano tan inestable, cambiante y superfluo como la vida misma), que nos venden las aseguradoras, las entidades financieras y los agentes de seguros de vida.




La vida no creo que sea o pueda ser asegurable, porque lo único seguro en la vida es el fin que reina y se sustenta es la muerte. La felicidad es ahora, no mañana ni en lo que fue ayer. La felicidad de los días no esta en el libertinaje de una vida con sexo, drogas y rock and roll siempre, como tampoco esta en un cubículo de oficina los siete días de la semana en horarios que exprimen lo que somos como naranjas redondas y llenas de sueños por succionar. La vida no se puede resumir a un numero, a un fondo de pensiones, a sueños de una vejez que no se sabe si se tendrá (y con ese ritmo menos) . no, la vida es mas y si de lo que disfrute hoy dos de mayo me queda algo y puedo dejar un buen legado a mis hijos cuando vengan, o a la gente que he y me ha conocido, supondré que de una u otra manera he sabido vivir mas que alguien con una cuenta bancaria en suiza que vive a sus cincuenta y pico lo que debió vivir en sus años mozos (viejitos verdes por ejemplo) y que desperdicio su juventud en frente de un monitor, haciéndole plata a quien sabe quien.




Esta es mi invitación a que se debe disfrutar de las cosas sencillas, sin pensar que solo cuando tengamos una casa en determinado sector, un carro de ultimo año o un estatus social podemos ser felices. Una invitación a disfrutar de las alegrías sutiles, a soñar, o a comerse un crepe con helado de chocolate y escribir como lo hago en este momento sin pretensiones, egos estúpidos o especulaciones baratas. Una invitación a vivir el momento, a vivir de verdad y recordar aquella frase de que "si se llama presente es porque es un regalo" y dejarse llevar…

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