
Lápiz y papel son dos gatos perdidos en un monte conceptual. Al ser gatos se camuflan por tejados llenos de libros viejos, pregonan maullidos en las copas de los arboles que botan hojas de ideas por doquier y aprovechando las siete vidas que los faculta y la habilidad propia de su fisionomía, se lanzan de cabeza ante los mares de dudas y cuestionamientos para siempre caer de pie.
Lápiz y papel son dos gatos grises en la mañana, rojos en la tarde (como todas las cosas buenas de la vida) y siempre pardos en la noche para camuflarse entre las tejas, los carros de perros calientes, los corazones rotos y las narices frías de Bogotá.
Lápiz y papel son dos gatos que la necesidad me obligo a adoptar y que por fortuna tienen como rasguñadero las entrañas de mi alma…
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