
En la vida se nos enseña que debemos estar siempre atentos a lo que nuestros designios guíen para que de allí radique y sopese nuestra concepción de libertad, amor y felicidad. A medida que caminamos sentimos esa necesidad absorta y decidida de buscar, a como dé lugar, la razón máxima de nuestra existencia, que enmarque lo que depararan nuestros días, nuestros deseos y nuestras ilusiones más arraigadas.
Muchas veces como hinchas fieles hemos escuchado frases frías como: “y es que a usted SANTA FE le da de comer”, “deje tanta fiebre que los jugadores no saben quién es usted”, “porque llora por un equipo”, o “usted es tan bobo de irse hasta allá por solo ver un partido”. Frases así, empacadas al vacio y hechas para gente que no entiende que lo que se lleva en el bolsillo, JAMAS será tan grande como lo que se lleva en el corazón. Gente que se muere sin una ilusión, sin nada más que extractos bancarios y el alma podrida o azul.
Escribo esto por una institución que desde la honestidad y el esfuerzo, nos ha labrado en el alma una consanguinidad sentimental, fundamentada en un albirojo pilar inmenso llamado INDEPENDIENTE SANTA FE. Escribo esto desde mi corazón a tan solo un día, nueve horas y tres minutos de que empiece la gran final de la liga colombiana. A un lapso de tiempo aparentemente corto, pero que enmarca un grito de gloria que se nos quedo atorado desde 1975 y que a la generación de mis padres y la mía, y la de muchos más, que empiezan a ser herederos de esta pasión, nos ha hecho sacar lagrimas, risas, alegrías pasajeras y como en este momento, una ansiedad indescriptible. Un grito que se les quedo en el alma pegado a los que por diferentes circunstancias ya no están y alientan desde el cielo, o aquellos que entre rejas, amando a esta institución, sufren aun más la impotencia de no poder estar en ese templo capitalino que tantos festines para el alma nos ha dado.
Acá estamos y estaremos, los que te amamos SANTA FE. Los que no importa cuánto se quiera, ha dejado la novia por verte y ha perdido el trabajo por festejarte. Los que han dejado todo para irse a viajar solo por ver tus colores y que se aguanta la represión de un país demente, lleno de policías corruptos y vándalos (como los de Itagüí), paramilitares y guerrilleros en las carreteras, solo por ver una bandera y decir a todo pulmón: “otra vez, otra vez, te vinieron a ver todos los muchachos que te aman SANTA FEEEE”. Acá estamos los que llevan tatuado en el alma, la piel y el corazón el escudo de un sentimiento que nadie anexo puede, ni podrá entender.
Gracias SANTA FE por ser ese motor que no hace soñar más fuerte en este momento. Gracias por habernos dado la dicha de pertenecer a esta familia inmensa que ruge de ansiedad en estos momentos tan decisivos, en los que se toca la gloria con los dedos de las manos y al mismo tiempo se siente el frio del miedo en los pies. Gracias por todos los amigos verdaderos que le has impreso a mi vida (AGUANTE 48 SUR Y LA GUARDIA ALBIROJA SUR), por los paisajes que nunca espere ver cada vez que fui a verte, por esa valentía que nunca pensé encontrar en mi, por cada kilometro sudamericano que recorrí por seguirte y por cada lagrima que en este momento suelto al recordar todas las cosas que desde pequeño vivo contigo. Gracias por hacerme parte de esta familia cardenal que hoy sueña con esa esquiva séptima estrella, pero ahora más palpable alegría y por sobre todas las cosas:
GRACIAS POR SER UN GRANDE DE VERDAD!!!
TE AMO SANTA FE!!!
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