martes, 3 de julio de 2012

MANOS DESNUDAS DE BART MOEYAERT


El placer de las bibliotecas ajenas es un mar de secretos, tesoros y de nuevas formas de ver la literatura desde el punto de reflexión de los propietarios de las mismas. Acá unas frases de una lectura corta pero amena, del libro “Manos desnudas” del joven escritor Bart Moeyaert, que encontré en una de esas bibliotecas llenas de luz, olor a pasto cortado y brisa bogotana.





- “El cielo me cayó como una manta. Me quede sin aire. De la acequia flotaba un pato. Un pato blanco de Beyeman aun mas muerto que antes.”



- “Me prohibí a mi mismo llorar. En todo caso en alto, porque según mi madre los lloricas no ayudan a que avance el mundo.”



- “Quería tenerle cerca. Éramos como un par de zapatos. Solo estábamos seguros si yo estaba junto a él y él junto a mí. Con un zapato nada mas andaríamos torcidos.”



- “Algunas personas están… muy solas. No les queda nada. Todas las personas a las que quisieron se han muerto o se han ido. Todo lo del pasado ha desaparecido. No les queda nada. Se limitan a estar solos. Sobretodo solos.”



- “Todas las cosas son iguales. Son cosas. Solo cosas.”



- “Por supuesto que entendía porque Beyeman se mordía las uñas y miraba por la ventana. Estar solo es terrible.”



- “Yo solo erre una cabeza caliente con una fotografía en su interior en la que miraba sorprendido.”



- “Nada, repetí como si fuera un eco. Aquella palabra la había oído antes. Era una palabra como “nunca” de los que no siempre darán tanto como uno quisiera.”



- “Mi cabeza se puso en funcionamiento como un tren a vapor: despacio y con bocanadas de aire que me salían de muy adentro.”

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