
Con el tiempo se va creciendo en medio de expectativas soñadoras, cimentadas en idílicos paisajes existenciales, claros e ingenuas utopías. Se nace y crece en medio de un ambiente toxico lleno de guerras, hambrunas, inequidades sociales, segregaciones raciales, religiones asesinas, multinacionales destructoras, mentiras televisivas, ignorancia masiva y en fin, todas aquellas falacias que nos tapan con fabulas de animales que hablan, humanos que razonan, superhéroes que existen, cuentos de Disney y personas que tienen buenos sentimientos. Mentiras que se intentan ocultar con mentiras aun más grandes y dolorosas que ha medida de que crecemos se hacen aun más palpables, o lo peor, terminamos protagonizándolas.
Este escrito no pretende ser un tratado emocionalmente punzante para aquellos seres que se ponen vestidos coloridos, salen a la calle a abrazar a los arboles, fuman marihuana al ritmo de música de Woodstock y dan arremetidas de “buenas vibras” a desconocidos. Tampoco quiero ser el prócer o piedra angular de algún “emo” o suicida frustrado que con estas letras sustente o materialice la ida de este mundo cruel. Me aterra la idea de un gasto innecesario de dinero para las exequias de cualquiera de estas dos poco apreciables estirpes.
Estas solo es una opinión más sobre un mundo sin el burdo maquillaje que hemos querido sostener con nuestros sueños empacados en bolsas de plástico al vacio. Un mundo que siempre, pero más aun en las dos últimas semanas me ha demostrado como se escuda la muerte de más de ochenta mil perros y gatos callejeros en ucrania como parte del preparativo de la Eurocopa 2012 en ucrania (perritos y gatos que no tienen la culpa de que el “razonal” ser humano, no mantenga un control salubre y ético de la población de animales y prefiera el asesinato), una matanza que sustentada por una enferma concepción estética social, los llevo a la hoguera.
Un mundo que engendra monstruos como Javier Velasco Valenzuela que tuvo la vileza de ser capaz de torturar, violar y empalar a Rosa Elvira Cely, una mujer inocente y desprotegida (hasta por el sistema de seguridad social que la dejo morir por ser pobre). Un mundo que perpetua la mafia de las religiones (autoras intelectuales y materiales de los peores genocidios de la historia), y que venera a sus líderes con tronos, castillos, reinos, estados (como el del vaticano) y demás prendas de la infamia, mientras en áfrica un niño se muere cada 60 segundos por inanición. Un mundo que sediento de petróleo, se hace a la vista gorda de un saqueo y el holocausto de un pueblo como Irak, bajo las banderas piratas de una lucha contra un terrorismo que solo en la imaginación de los tiranos existe y que sustenta la destrucción y la muerte.
Habrá más de uno que sustentado por películas de amor gringas, esquelas estridentes y cursis, telenovelas baratas, libros de autoayuda y demás estupideces soñadoras, dirán que como en la canción de Louis Amstrong “What a wonderful world”, todo es maravilloso e irrefutable. Que sustentados en paisajes naturales y cantos de pájaros (obras no humanas), todo es perfecto. De seguro dirán que soy un pesimista mas y que necesito una sesión intensiva (a lo “Naranja mecánica”) del bodrio televisivo “actitud positiva”.
Pueden decir lo que les venga en gana (como lo hago yo), pero no pueden tapar el sol con un dedo, ni fácilmente ignorar que vivimos en un mundo que maquilla sus miles de infamias con programas de chismes, noticias insulsas y previamente direccionadas, prostitutas prepagadas presentadoras de farándula y mentes alienadas por el mercado. Un mundo que suple la crueldad animal con pasarelas en Milán o parís y que con espectáculos masivos, crea masivas cortinas de humo para los millones de idiotas que no meditan lo que les presentan, sino que van engullendo como autómatas la información que les quieren dar.
Un mundo de caras felices que en la infancia nos maquillaron con cuentos de princesas, castillos, dragones y finales felices comiendo perdices, y que ahora nos lo maquillan con cerveza, telenovelas mexicanas, canciones de reggaetón o la idea barata de que tenemos el control con nuestra existencia y que elocuentemente vocifera sandeces que declaran, que entre más ceros se tenga en el extracto de cuenta, mas viviremos o más cerca estaremos de nuestra felicidad.
Esta es mi visión de lo que vivo. Es solo un escrito helado de una realidad fría, en una madrugada desolada, de una colapsada ciudad y de un país irónico, que como bien describiría el maestro Fernando Vallejo en el documental “la desazón suprema retrato incesante de Fernando Vallejo” hecho por el maestro Luis Ospina: “es el país más asesino del planeta”. Un contexto no tan positivo como muchos quisieran, pero finalmente una proyección de lo que siente y considera esta existencia que me toco protagonizar.
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