viernes, 8 de junio de 2012

GRACIAS SOLEDAD






(Música de Rolando La Serie y su canción Hola Soledad)



Hay quienes dicen que la soledad es una mala, casi perversa consejera. Hay quienes creen que esta es un lastre, un karma, una cruz que se carga y que se debe mitigar con el bálsamo de nuevas pieles, nuevas frases, nuevos cuerpos y hasta nuevos amores. También hay quienes piensan que la soledad es un estado temporal de la existencia que se debe afrontar con miles de amigos y compañías desmedidas. De esas compañías que succionan vida y nos dejan al borde del desmayo existencial.




Para mí la soledad es una mezcla multidiversa y plural de lo que es vivir. La soledad para mi es ese espacio de tiempo en el cual se entra a un cuadrilátero llamado vida y con vendas gastadas en las manos, se defiende lo que se es, a punta de golpes y avatares diversos de la realidad, con contragolpes certeros de la cruda, absoluta e inefable verdad.




Por ello no entiendo a veces la gente que se vuelve adicta a las personas. Esa que no ha terminado una relación, cuando ya esta presupuestando meterse en otra, sin mediar un instante de razón. No entiendo eso. No entiendo cómo se efectúa esa metamorfosis sentimental. Como se puede suplir un vacio con otro cuerpo (de pronto aun mas vacio), ni tampoco me imagino en que desembocan este tipo de conductas.




Tampoco entiendo como ciertos personajes, se enclaustran en un desplazamiento auto inducido con los demás. No lo entiendo, y no desde la perspectiva del ermitaño que vive solo en un lugar deshabitado y que especialmente se dedica a la oración, sino desde el ser capaz de ignorar, o desvirtuar el hecho fáctico de que estos tiempos están formados por conexiones intrínsecas y constantes que invitan siempre a estar siempre unidos y constantemente conectados. Así sea de mentiras.




La soledad en síntesis es para mí, un espacio de autentica libertad saludable que promueve el cíclico contacto entre extraños, que comparten un espacio llamado mundo, dentro de un contexto denominado vida, habitado por extraños, extraviados y catalogados como seres humanos. Un contexto vital que empalaga, o como me dijera mi madre en mis primeros días de secundaria, cuando compre un hámster y lo acariciaba mucho: enteca.




Soledad, a veces te odio por tus ausencias, tus manías y tus escandalosos silencios. Soledad hoy simplemente te escribo para referenciarte en aquellos actos que me permiten como individuo crecer y adquirir una forma atípica de pensamiento que permiten letras como estas, reflexiones más elaboradas y placeres sencillos con risas cómplices y benévolas.




Por esto y por mucho más, rodeado de cadáveres (algunos tibios y otros como siempre fríos y repetidos), entre pensamientos desabridos y fallas ortográficas, te digo desde hoy y para unos días más:





Gracias soledad.

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