jueves, 8 de marzo de 2012

PARA LAS MUJERES EN SU DÍA


Desde que abrimos los ojos al mundo que nos acobija y nos abren las nuevas puertas de la realidad, vemos las manos amorosas, llenas de bondad y amor que nos proporcionan las madres. Ese primer encuentro y recurriendo a mi experiencia personal, creo que fue el que me inicio a una extensa y constante complicidad con estos seres que Dios trajo a nuestro mundo para que cobijaran las vidas de muchos hombres, con el bálsamo de sus dulces palabras, sus encantos dóciles y sus miles de interrogantes: las mujeres.




En lo personal, siempre he estado en un entorno familiar lleno de mujeres. Un matriarcado que desde mis primeros pasos, me enseño el valor del ejemplo por encima de la fuerza y como las sutiles doctrinas de los días, son más fuertes y más profundas que la egolatría y el instinto de superioridad a costa de todo del machismo. El ejemplo de estas espectaculares mujeres es el que me llevo y me llevare siempre, porque no concibo la idea de que las mujeres sean tan solo un depositario de mis genitales , unas receptoras de mis injurias o delimitantes de un estúpido machismo que las coarta cruel e inconducentemente.




Por ello solo me queda decirle a Dios y a la vida gracias. Gracias por haberme criado en un entorno que me dio el gran ejemplo de bondad derivado de mi siempre acogedora y amorosa abuelita, que desde mis primeras cucharadas de sopa, mis primeras palabras, mis primeras percepciones del mundo y mis primeras raspadas de rodilla, me enseño a compartir, a no ser ni pretender ser egoísta. Que me enseño a decir buenos días, buenas tardes y buenas noches. Que me enseño a aprender que una mujer va más allá de las curvas y una cara bonita, y que el amor verdadero trasciende cualquier frontera, incluida esa que ahora nos separa ligeramente como la implacable y siempre misteriosa muerte.




Gracias a mi mamita wii wii y sus mil y un afanes llenos de simpatía y cariño con el que cada día nos llevo, a mis hermanos, padre y a mí un plato a la mesa, y que, anexo a los ingredientes de siempre, se asegura permanentemente de que estén cargados de ternura, paciencia y muchísimo amor. Que con su palpable ejemplo me ha enseñado que no está mal ser un niño y guardarse un puñado de inocencia en un mundo tan toxico e insano como este.



Gracias a mis hermanas que con su infinita e inextinguible madurez me han enseñado que no solo se necesita tener muchos años para hablar con propiedad, sino que la femeninidad y la dignidad propia que atañe a su papel como mujeres integras en una sociedad de valores muy cuestionables, las hace aun más bellas y veneradas. Gracias a mis tías, por sus mil alcahueterías y regalos generosos en navidad y a mis primas, por esos días de piscina en cualquier reunión familiar, o de rio, en cualquiera de los sitios en donde aprendí que besar es rico y que a veces es bueno dejarse llevar por las hormonas. Gracias a mis amigas, por sus consejos, por su valentía, por el infinito placer de saber que son las que forman y han hecho parte del repertorio de mi vida y mis sentimientos.




Gracias a aquellas que un día como cualquier otro se aparecieron como perfectas desconocidas a mis días y que así mismo y sin querer, hicieron que mi corazón palpitara a mil, y fluyeran en el aire los chocolates, las citas en un café, los regalos sorpresas, las ilusiones, las desilusiones, las palabras del alma, las cartas escritas, las llamadas de dos horas, las pataletas propias de una pareja, los domingos, los te amo, los te extraño y esas cosas bonitas de las cuales quedan siempre felices y bonitos recuerdos sin importar los finales (porque en la vida, como en todo, no siempre los finales son lo mejor, o lo que hacen de una historia algo realmente memorable).



Por ello escribo esto. Porque sé que no me alcanzarían las flores para dárselas a cada una de ustedes. Porque son mi orgullo y hoy es un día para reiterárselo. Porque sin ustedes esto sería un infierno lleno de gente sin alma. Porque lo bueno de algún día haberme enamorado es cada uno de los cuerpos y cada una de las espectaculares e inigualables almas que en su momento toque y considere también mías. Porque desde que abrí mis ojos la primera sonrisa fue la de una mujer. Y porque desde que me alimente de las entrañas de mi madre, jamás me parecería propio de un verdadero hombre irrespetar a los seres que tienen el don de traer la vida al mundo.



Por esto y por muchas cosas más que se quedan en el baúl de las ideas atropelladas:
GRACIAS!!!

1 comentario:

  1. Que Hermosas Palabras, que elogios tan bien merecidos. Un Abrazo, tu sinceridad hace que no se quede solo en palabras sino también en una sonrisa dibujada en cada rostro de las mujeres que han pasado por tu vida.

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