jueves, 15 de marzo de 2012

AMORES, DESAMORES Y TÈ CON GALLETAS




(Música de Bumbury)


Espectros laudos en medio de bolsos de cuero ancestral, correas con taches y mariposas que brotan por una hermosa sonrisa y que se camuflan ávidamente entre colores pálidos y vivos, entre difuminados y estampados psicodélicos que remontan la memoria a esos días donde el amor y la paz eran la premisa colectiva e irrefutable. Los senderos se expanden, las calles se devoran como un perro hambriento que se perdió entre intersecciones, autopistas colapsadas y semáforos que sobreviven con cada pito indolente, cada trancón urbano y cardiaco, y cada intermitente luz amarilla, verde o roja.




Lagrimas entre canciones ochenteras que remontan la memoria a los días en que el sol alumbraba equitativamente la vida de los demás y hacia sucumbir las tinieblas entre sonrisas, frases jocosas y besos en la boca que sabían a algodón de dulce de mil colores. La tristeza aparece y la veo frente a mí como un espectador mas que desde la distancia ve la danza de los sentimientos rotos, las vidas desahuciadas y roídas por una pena de amor que gracias a Dios y a mi suficiente sensatez, no me pertenece.




Es difícil ver lo que otros ojos sufren, es difícil captar de manera correcta lo que el corazón de otro siente y grita sin voz. Porque desde la barrera se ven los toros diferente. Porque cuando el alma esta tranquila solo se capta el mundo desde la razón y no como cuando protagonizamos nuestras propias tragedias pensando sin pensar, sacando juicios vacios y albergando esperanzas absurdas. Pensando con un musculo que no ha sido diseñado para pensar como el corazón y sus características limitantes.



Enamorarse es fantástico. Es una dedicatoria que hacemos de nuestro puño y letra a nuestras ansias de sentir y hacer con nuestras vidas mas que actos mecánicos como respirar. Enamorarse es sentir la música, oír los corazones y saborear cada palabra. Enamorarse y vivir una fantasía épica en torno a nuestros corazones es un idilio mágico que llena nuestras almas de colores y paisajes amenos que iluminan con protección todo. Pero he ahí el problema: NADA ES PERFECTO. Nada es para siempre, nada es estático, nada es irremplazable ni nadie es indispensable. Nadie.




El amor se acaba, los mensajes rosados cesan y las ganas se agotan, se van. Eso es lo que yo en este preciso instante veo, soy un expectante de un gran amor que como una gran estrella se difumina y finalmente desaparece. Un amor que no me pertenece, pero que me insta a reflexionar sobre ese sentimiento al que últimamente temo tanto por su natural dependencia, falta de sentido común y demencia senil que da pie a perdonar lo imperdonable, a gritar lo inadmisible, a escuchar lo innombrable y hasta sufrir por la ausencia de lo que no esta ni volverá.





A veces analizo mis días y temo con convertirme en un solitario que se ufana de su solidez pero que no le gusta arriesgar en la ruleta las entrañas. Me da miedo sugerirle paz a mi existencia contentándome para siempre con cuerpos y labios sustancialmente diferentes. A veces también le temo a enredarme en el amor y focalizar mi vida (como muchas veces ha pasado), en un solo ser, anexo, y contextualizar mi mundo en torno a su cuidado y sus acciones u omisiones. A veces me cuestiono en medio de estas dos posiciones (enamorarse o hacer como Batman y desaparecer con estilo) y termino por optar por la tranquilidad ambigua de una taza de te con galletas, un vida de proyectos que vienen y van, y el gusto de poder conciliar el sueño sin necesidad de somníferos, caminatas a la madrugada, látigos de conciencia o a la espera de unas palabras que jamás llegaran y que siempre optaran por quedarse en los puntos suspensivos.

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