martes, 25 de enero de 2011

INTOLERANCIA


Hay miles, millones, de personas en este basto mundo, aproximadamente seis mil millones de habitantes entre putas, bebes, ladrones, monjas, violadores, pedófilos, abogados, niñeras, gurús espirituales, policías, guerrilleros, paramilitares, activistas, futbolistas, drogadictos, enamorados, ingenieros, locos, habitantes de la calle, campesinos, indígenas, indigentes, mineros, profesores, corruptos, zungas, boxeadores, románticos, ludópatas, forajidos, ermitaños y demás gama de especies dentro de una misma especie que muestran una faceta casi denominadora común de que somos un gran surtido dentro de un espacio lo suficientemente amplio como lo es el universo es decir, hay tantas definiciones de personalidad como personas para definirlo.
Pero hay lago que nos mantiene metidos en el corral de los pre -supuestos de las cosas que tomamos como preceptos para que el mundo en su bastedad se afiance solo a un modelo exacto preciso e igual, por ello defendemos el derecho a la igualdad a capa y espada y se hacen revoluciones políticas, femeninas, y de toda índole para preservar la igualdad, cuando el foco de la discusión es no aprender a reconocer nuestras diferencias.
Esta reflexión se escribe después de perpetrarse el atentado suicida la muerte de 35 personas, y que el ministerio de salud ruso que al menos 130 personas resultaron heridas por el estallido de una bomba, que fue atribuido a un atacante suicida de un grupo checheno.
(…)
No digo que algunas de las premisas de los chechenos no sean justas, solo digo que los medios jamás estarán avalados por la muerte y la destrucción de inocentes y duele saber que por las diferencias de tipo religioso, político, cultural, étnico o de cualquier índole la vida se vea afectada y el luto de inocentes fluya como fluye el humo de la detonación. Que la muerte y las lágrimas se expandan como los artefactos fragmentados de la estación de metro de Domodedovo. Se nos olvido que no somos más que un puñado de agua, venas, arterias, vísceras, neuronas, pelos y hormonas embutidas en una cubierta llamada piel, dentro de un esquema que con una teoría metafísica recalentada sustenta nuestra superioridad y nuestra egolatría. Ignoramos que las demás personas y seres de nuestro planeta están hechas del mismo ingrediente y son fruto de la misma mano creadora que invento las montañas, los valles, los ríos, las cordilleras, las estepas, los bosques, los animales, las plantas, y nuestro propio existir. Ignoramos y pasamos por encima de las cosas que son sagradas sin dolor ni conciencia, y en nuestra lucha contra molinos de viento en pro de nuestra igualdad, machacamos nuestro derecho a ser diferentes y autóctonos y de paso fraguamos nuestra propia aniquilación…

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