La lluvia cae y arrasa con los recuerdos de un pasado largo
y confuso que sin pena ni gloria, va quedándose en el baúl descolorido y pérfido
de esas vivencias que con anécdotas ya lejanas, van condensando esos momentos
que en instantes fueron relativamente importantes y que ahora en su languidez
parecen extraños. Recuerdos cargados de rostros, cuerpos, sitios y emociones
que en el presente ya no son relevantes y se caen de la estantería de las cosas
importantes por su propio peso.
Momentos traslucidos que ahora parece que fueran parte del
guion de otras vidas, que en nada se parecen a lo que se vive ahora, en el
presente y que carecen de relación. El pasado es solo una huella sin
relevancia, que sirve para incentivar la nostalgia y acentuar la melancolía de
los días de colores grises, arroz chino calentado en microondas y las soledades
autoimpuestas. Es un tiempo intangible
como el mismo inhóspito futuro que conservamos con masoquismo para restarle
importancia a lo realmente relevante: el presente.
Una atemporalidad que nos forma pero que como su mismo
nombre indica, ya paso, se quedo allá. Ya no va más. Uno gasta y desperdicia
vida en rememorar y dar protagonismo a lo que fue y ya no es, ni será jamás. A lo
que pasó y no volverá a pasar. A amores y experiencias viejas que ya no
regresaran y a palabras que se dijeron y el viento no retornara. Gastamos energías
en eventos que no se repetirán amputándonos la posibilidad de vivir experiencias nuevas. De
mayor envergadura, mas edificantes y sin duda mas saludables. Nos hacemos
presos de lo que fue y echamos al barranco de las derrotas lo que puede ser.
Una errónea concepción que se lleva lo mejor de nosotros. Que
nos deja en una pausa innecesaria en un mundo en constante movimiento. Una posición
pasiva y antinatural que en choca con una realidad fluctuante y en constante
movimiento. Una parsimonia extraña, que solo nos deja como expectantes y
asistentes de segunda categoría, en una obra en la que estamos en la obligación
de hacernos a la idea del rol protagónico que infiere. Del hecho de que uno se
debe apersonar que la vida es solo una y uno es el que la vive. Que el proyecto
de vida no debe ir limitado a lo que los demás esperen, sino lo que realmente
queramos y nos haga felices.
Hoy todo eso quiero que se quede atrás. Que esas nubes de
recuerdos y tiempos vividos se queden allá. Lejos. Como simple enseñanzas que
hasta un punto fueron útiles, pero que en este momento ya no forman parte del
capitulo que contextualice lo bueno o lo malo que venga con el presente. La felicidad
implica riesgos. Implica lanzarse al vacio con los ojos vendados y asumir que
el futuro es y será distinto, sin medir siempre en los pros o contras y mucho
menos en las consecuencias. Por eso hoy saludo al pasado desde esta barrera lánguida
en la que me encuentro. Le doy gracias por cada lección, cada sonrisa, cada
suspiro, cada lágrima y cada momento de asombro que me dejo. Creo que ya es
hora de arrancar hacia adelante. Sin prejuicios que solo indisponen y dan
alertas falsas que hacen chocar contra la soledad. Ya no necesito consignar
tantas cosas e imponer a los demás un lastre de sucesos que ni les competen, ni
son agradables.
Desde ahora procurare encaminarme desde mi levedad a
paisajes sin duda mas amenos y a experiencias nuevas que enriquezcan mi paso
por este corto lapso de tiempo en el que peregrinamos fugazmente por un mundo
transitado hasta el hastío, que nos abre las puertas con nuestro llanto
infantil en el parto y nos baja el telón con la inevitable y siempre paciente
muerte. Hoy me encamino a disfrutar de los medios sin pensar en los resultados
y sin cielos estrellados. Desde ahora prometo dejar que todo gire, que todo
fluya, todo llegue al lugar que tenga que llegar. Desde hoy prometo ser y
dejarme hacer feliz sin nimiedades que alteren todo esto que desde una pequeña
flor de loto se va expandiendo…

Me encuentro casualmente intentando reconocer en estas líneas, trozos de experiencias reales que he vivido...quizá no es sano detenerse en un pasado que simplemente fue, pero tal vez valga la pena recrear aquellos aprendizajes que quedaron de todo lo vivido, lo bueno, lo no tan bueno, lo positivo, lo negativo; pero es de mucha más importancia esta invitación que nos haces a través de tus palabras, esa que implica un desprendimiento, un recomenzar, un simplemente vivir lo que es ahora, lo que pasa, lo que importa, nada más que vivir...
ResponderBorrar