
( Música del grupo uruguayo CUARTETO DE NOS y su canción "Breve descripción de mi persona")
Hay días grises que por carecer de sentido, se van en una automatización interna de las horas y son caminados por puro reflejo físico y espontáneo, mientras nuestra mente divaga en laberintos de algodón de azúcar, llenos de dudas, inseguridad, malas compañías, incertidumbre, corazones remendados de tanto enamorarse e historias que pasan con una constancia casi enferma, sobre nuestra humilde y poco redenta humanidad. Días grises sin plan, sin bitácora, sin sueños, sin anhelos o cualquier cosa que indique la siguiente estación, o simplemente la trocha vertical, de una vida hecha en un molde básico, estéril y abierto para la mecanización de la masa.
A medida de que uno crece y se allana en las implicaciones de la palabra tan absurda y poco diciente: ADULTO, se da cuenta de que estos días son cada vez más recurrentes y característicos por su constancia, en la nomenclatura de nuestras vacías calles emocionales. Cuando uno es niño, por lo general y casi siempre, no tolera la propiedad, el sentido de protección y la aburrida perspectiva adulta. Uno no entiende porque en los días de lluvia, en vez de pensar en jugar con los charcos de agua que se forman en las aceras, los adultos piensan en gripe. Porque en vez de jugar en un parque hasta quedar exhaustos, nuestros papas se sientan incómodamente a ver con cara de preocupación el reloj. Tampoco cuando era niño entendí porque uno debía acostarse temprano, si trasnochar es tan rico y levantarse temprano, si madrugar es tan aburrido y desgastante.
Cosas así, cosas simples, que tiñen el camino de las personas a medida de que se van acoplando como piñones a la maquinaria absurda del materialismo sin sentido y se van llenando de obligaciones insípidas, empleos monótonos, concepciones capitalistas enfermas de felicidad, vidas paralelas, sexo irregular, malo y sin amor, jefes adustos y un sin fin eterno de cosas oscuras, maquinadas por mentes siniestras que forman el caos desde escritorios elegantes. Una difuminacion de algo tan valioso como lo es la vida y que poco a poco nos va robando la luz, la lucidez y la poca o mucha inocencia de la que los genes nos proveen.
En lo personal tuve una niñez feliz, con miles de líos por mi inclinación natural hacia la terquedad y la travesura. Me gustaba mucho mojarme, romper vidrios de casas abandonados y los dulces de papayuela que hacia mi abuelita. Ame mucho siempre mi capacidad de manipulación con mi madre (cosa que aun hago). Fui feliz en una casa gigante, con muchos primos, amigos y un patio grande para jugar con balones de colores y letras. Una niñez con muchos colores, muchas cosas que me dejan los más bonitos instantes y que me hacen abocar esta escala de colores que a veces me agobia y que mitigo con lecturas leves, conversaciones amenas, risas constantes y locuras esporádicas.
Yo me niego a ser maduro, si madurar consiste en ser alguien que no he sido, ni quiero ser. Me niego a odiarme en unos años por ser el impostor de mi propia vida. Prefiero mil veces quedarme con lo que soy, a intentar ser algo que nunca seré. Creo que Yo de pensión le pediría a la vida solo una casita con vista al mar, muchos libros, mil cuentos para contar, dos hijos bien bonitos, un plato lleno de colores en mi mesa y una esposa a la que ame mucho para cantarle al oído...
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