Musica: Idioteque de Radiohead (concierto Glastonbury 2003)
Las debilidades circundan nuestras
vidas y nos ponen en evidencia ante los miles de lobos que como nosotros, viven
el mismo pánico. La globalización se ha adueñado de nuestras vidas y nos ha
hecho una pieza más en toda la maquinaria voraz que corroe y destruye el mundo.
Un servilismo mercantil que no le importa arrasar con recursos naturales,
poblaciones vulnerables o animales en vía de extinción. Nada importa. Nada
puede subyacer o salvarse de la fiera infernal que hemos creado. Los cielos y
los infiernos no existen. El cielo, el paraíso, el edén era lo que contemplaba el mundo que nos
alberga en sus inicios todo lo bueno antes de que nosotros, los seres humanos,
el virus más infame y corrosivo de toda la creación exterminara y se llevara
todo a su paso en un desbarrancadero directo al infierno en el que se nos
convirtió nuestro presente lleno de caos vehicular, falta de cultura ciudadana,
niños desnutridos, servidores públicos corruptos, SMAD en las calles, represión
y persecución política y noticias estúpidas que solo buscan desinformar y
ahogar en la ignominia de la ignorancia que pulula y ensordece a la multitud.
Ese es el futuro que nos venden y nosotros compramos como maricas cada cuatro
años. Ese es el progreso…
Nos volvemos caníbales laborales,
académicos, corporativos (y lo soy, lo acepto, me ha tocado y también he
querido), caníbales conceptuales, caníbales económicos, caníbales deportivos.
De toda índole y sin dolor o cargo de conciencia. Una autentica anarquía que
delimita quien tiene y quién no. Quien vale más que quien. Quien está en que
medida en la escala de lo irreverente para pasar por encima del otro. La brecha
social se expande de tal forma que las clases altas se van emancipando hacia
alturas incólumes que intentan tocar las nubes, con tal de alejarse de la clase
obrera o media a la cual pertenezco (que moviliza el capital de las clases
altas para generar ganancias y por culpa de las oligarquías usureras terminan
subsidiando las falencias que por la usurpación y robo de recursos no se
subsanan en las poblaciones vulnerables). Entramos en una competencia constante
sobre quien quiere qué y para qué. Estamos en la generación en la cual todos se
quieres hacer millonarios, dando bala como traqueto, puños como Mayweather,
alimentando a You Tube de basura, cantando como niña como Justin Beaver o con
un multinivel donde tendrás libertad, serás tu propio jefe e invertirás dos
pesos para ganarte una fortuna en 15 días y todas esas basuras con las que le
llenan el cerebro de pasto y alienan a los incautos soñadores. Vivimos en la
paranoia colectiva por comprar todo, tener todo, alimentar todo y arrasar con
las vitrinas solo porque no concebimos otra forma de retribuir nuestros vacíos,
esas cosas que nos hacen llorar por dentro, que en momentos decisivos nos hacen
claudicar, eso que no permite que protestemos cuando alguien es injusto, cuando
vemos la injusticia y la falta de solidaridad y aun así le damos la espalda a
los necesitados y a las necesidades de los demás. No concebimos el mundo sin
gastar, mientras nuestras vidas se desechan y se malgastan en banalidades
superfluas que vienen y van mientras nos extinguimos. Porque vivir es morir.
Porque cada bocanada es una menos en cada instante hasta que el silencio se
apodere de todo y llegue la levedad de la muerte y el peso de la eternidad.
Ya no hay marcha atrás, nos
quedan solo 100 años de recursos naturales y eso no tiene reversa en un mundo
sin reglamentaciones y políticas sobre la sexualidad que no cesa de parir más
pobres, tener millones de mujeres muriendo en quirófanos clandestinos solo por
el hecho de que el aborto es una
decisión de estado cuando por lógica debe ser la decisión del cuerpo que
alberga las consecuencias y principios de las mismas y para colmo de males, con
una iglesia católica que se ufana de pregonar la humildad y la solidaridad en
tronos de oro, mientras los pobres, por los que cristo murió en la cruz y bajo
los que se iniciaron los preceptos caritativos que el nazareno vino a pregonar
mueren de inanición sin recibir ni la décima parte de las fortunas que los
diezmos recogen en el mundo. El mundo no necesita iglesias más grandes,
necesita corazones más grandes, que no teman en compartir y que de verdad vivan
el placer de dar. Es todo.
Esto no quiere decir que no hayan
personas que se desliguen de esto. Hay activistas que como en una batalla épica
se enfrentan desprovistos de protección ante muros infranqueables y gobiernos
déspotas. Ghandy, Mandela, Martin Luther King y demás gestores de paz son
claros ejemplos de la lucha que algunos seres provistos de una sensatez
absoluta intentan a toda costa cambiar un mundo que está al borde del abismo.
Ya no hay marcha atrás, nos quedan solo 100 años de recursos naturales y eso no
tiene reversa en un mundo sin reglamentaciones y políticas sobre la sexualidad
que no cesa de parir más pobres, tener millones de mujeres muriendo en
quirófanos clandestinos solo por el hecho de que el aborto es una decisión de estado cuando por lógica
debe ser la decisión del cuerpo que alberga las consecuencias y principios de
las mismas y para colmo de males, con una iglesia católica que se ufana de
pregonar la humildad y la solidaridad en tronos de oro, mientras los pobres,
por los que cristo murió en la cruz y bajo los que se iniciaron los preceptos
caritativos que el nazareno vino a pregonar mueren de inanición sin recibir ni
la décima parte de las fortunas que los diezmos recogen en el mundo. El mundo
no necesita iglesias más grandes, necesita corazones más grandes, que no teman
en compartir y que de verdad vivan el placer de dar. Es todo. Así cambiamos el
mundo, dando la mano sin intereses de ninguna índole, sin querer dañar. Sin
pisotear. Ese es el ideal. Un ideal que cada vez veo más lejano y que solo dejo
a exclusividad de mis familiares y las personas que conforman el repertorio de
mis más entrañables experiencias. Mis amigos.
Somos un mundo de ovejas
colonizado y conquistado por lobos que un sistema creó y que no tiene marcha atrás por
ahora (a menos, en mi opinión, de que
haya una gran hecatombe política o natural, o que los pueblos se subleven y
haya una guerra civil atroz que logre sensibilizar y haga caer en la cuenta al hombre de que su
mal manejo del poder puede ser su propia
extinción). Somos de nuevo esa sociedad nómada que dirimía mostrando los
dientes y gruñendo por un trozo de carne, por una manzana, por un empleo, por
un reconocimiento, por una licitación, por los intereses económicos o políticos
de un grupo, por el mandato, por la paz, por la guerra entre pueblos, por el
desplazamiento, por quien es más o porque usted tiene un traje más costoso que
el mío. Para todo gruñimos. Somos salvajes. Volvimos a la época de los
taparrabos y las flechas, solo que ahora las flechas y las hondas son un Tweet,
un comentario mal intencionado, un chisme de pasillo, una crítica insana,
Bulling en los colegios, Mooving en los trabajos, destrucción, destrucción y
destrucción. Todo empieza con violencia.
Desde que la vida llego al mundo por medio de las bacterias estas mismas se
separan, convulsionan y terminan haciendo procesos biológicos en los cuales se
terminan sobreponiendo unas a otras. Se destruyen y vencen. Todo u
n caos anárquico
para crear vida. Somos eso así con cremas humectantes, lociones francesas, ropa
italiana, autos pagados a 5 años y casas a 15 nos queramos decir lo contrario.
Somos bacterias convertidas en lobos que se van destrozando unos a otros hasta
llegar al fin, al holocausto y todas esas cosas que por no prestar atención a
lo realmente importante hemos creado. Somos los artífices de la destrucción,
somos los responsables de este Karma que
empezó cuando talamos árboles, torturamos animales para probar cosméticos,
aniquilamos bosques vírgenes para el ganado, pedimos pitillo, contaminamos
ríos, botamos basura a la calle, no reciclamos, creamos el monstruo de la
minería inconsciente, el fracking y
demás vejámenes que cometemos solo por nuestra saciedad de nada. De llenar un vacío
que no se llena con nada. Una autentica insensatez cobijada de desazón. Este no es el escrito de un niño de quince
años que piensa que el mundo es una mierda y que amenaza a sus padres con
suicidarse con tal de llamar la atención, es la reflexión de un adulto que con
argumentos refleja el profundo temor que
deja el sin sabor de pensar que tal vez no queden muchas generaciones y tal vez
por eso mismo muchos a mi edad nos cuestionamos no por factores económicos o
sociales el hecho de tener un hijo, sino por la angustia del mundo que en el
evento de darse el caso les vayamos a legar.
Bienvenidos al infierno de Dante,
ajústense bien los cinturones porque esto dentro de poco SE VA A
DESCONTROLAAAAAR!!!

No hay comentarios.:
Publicar un comentario