viernes, 16 de diciembre de 2011

LLUVIA Y SOL PICANTE


Hay momentos en la vida de uno que se demarcan por las buenas o malas obras que deriven de los actos. Hay momentos en los que uno se asoma por la ventana de los hechos que han pasado y que desde un lado ciego, oscuro, casi tenebroso, rotulan detalladamente los desenfrenos y los abusos que a veces cometemos con nuestras propias humanidades. Hay momentos en los que los paisajes de colores y las buenas nuevas, se ven limitadas por las absortas viscerales y frenteras realidades que coartan las risas, los sueños y los pasteles de manzana en la ventana de algún vecino.

Hay días como los de hoy en los que se conjugan los logros que se obtienen, con el saber que tu vida paso de una improvisación literal y diaria, a un espectáculo predeterminado por las tarjetas, lo que se debe o no hacer y los estereotipos sociales que te dicen que, si eres exitoso te vistes así, si eres un fracasado así, en una esquematización etérea, que solo sirve para encasillarnos en una molde que la sociedad de consumo (donde tú no vales nada) que solo se enfoca en la imagen y no en el contenido.

No soy un marxista que sale los primeros de mayo a gritar arengas en pro del obrero y en contra de la opresión de los burgueses a los derechos sindicales fundamentados constitucionalmente. No. Definitivamente no. Pero si me cuesta entender en esta fase de mi vida que lo que soy no es lo que más vale y que el mundo se mueve a un ritmo diferente al mío. Me cuesta entender que tengo que ponerme una corbata y mostrar una fachada intachable, para poder resguardar todas las porquerías que se deben hacer en ocasiones para triunfar.

Me cuesta entender que media vida la tengo que dar en una oficina para tener una esposa hermosa, una casa linda, un carro de ultimo año y una cuenta que tenga más cifras que la deuda externa de mi país. Me cuesta entender que por crecer debemos pagar el precio de no poder saborear las cosas sencillas, sentirse a gusto con las alegrías sutiles y poder disfrutar de un rato de ingenuidad. Me cuesta entender a veces que todos debemos crecer y que ahora entiendo porque mi papa me decía que no criticara su seriedad y su estrés, que cuando creciera lo iba a entender, y lastimosamente, un día lleno de grises, lloviznas pasajeras y soles picantes, lo entiendo porque sin darme cuenta, crecí.

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