
Agustina se pasea y se difumina por el espacio sideral que enmarca la séptima, observa sin preámbulos la locura multicolor que se abre a pasos agigantados por la emergente urbe de carne huesos y cemento.
Mira sin querer las esquinas llenas de corazones vacios, caras inexpresivas y mesas agolpadas de vasos y botellas multicolores. También ve un anciano extendiendo su mano a costa de recibir la limosna postrera de un grupo de universitarios roídos por el efecto del alchol.Aloja de un momento a otro en u retina el espectáculo inocuo que le brinda el siempre presente y voluble teatro de la vida, se imagina cruzando sus aros encendidos del fulgor del fuego arriesgando su pellejo con el fin único de crearla pericia perfecta que brinde al escenario el espectáculo digno de los mejores escenarios del mundo.
Despierta!, Le grita el señor de los dulces, casi la mata el bus que acaba de pasar!, Susana caya, sale de su palidez y lo mira con el mismo gesto compasivo de quien está a punto de hacer una canallada para finalmente responder:
“tranquilo amigo desconocido, la muerte es parte de mi salida triunfal…”
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