
Las contracciones avanzan por su desembocado rumbo, el aprieta su mano y la mira fijamente pretendiendo transmitir seguridad ,seguridad que ella no percibe , que no puede percibir o que en ese momento lo toma por una nimiedad y pasa a un segundo plano, el frio y el temblor que produce el miedo recorre su espalda y se difumina a lo largo de su rubia cabellera, sus manos aprietan el dorso famélico de su póstumo acompañante en un lenguaje corporal que pretende explicarse a manera de autodidacta, porque las circunstancias de tiempo, modo y lugar la dejan allí postrada en el suelo con una herida al costado, no hay transeúntes, no hay sujetos activos en la urbe que inerte la ve desfallecer, mientras el puñal entra y sale en reiteraciones consecutivamente mortales, una seguida de otras van anestesiando su maltrecho cuerpo para quedar en un limbo visual que le expone los pasos de su verdugo alejándose cada vez mas; mira el cielo capitalino, serán las cinco de la mañana ya que la alborada se asoma en el firmamento. Divaga en si misma por su inocente anotación, total para que importan o para que le podrían servir las horas si ya está muerta?...
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